Elecciones segunda vuelta: batalla inmisericorde en redes sociales

La segunda vuelta entre Keiko Fujimori y Roberto Sánchez ya no se desarrolla únicamente en plazas públicas, entrevistas televisivas o debates políticos. El verdadero campo de batalla está en las redes sociales, donde TikTok, Facebook, X, Instagram y hasta grupos de WhatsApp se han convertido en trincheras digitales de propaganda, ataques anónimos, manipulación emocional y desinformación. El Perú asiste a una campaña marcada más por el miedo y el odio que por las propuestas. Y mientras los candidatos buscan votos, las redes sociales parecen disputar algo más peligroso: la salud mental y democrática del país.

La campaña digital se ha convertido en una guerra inmisericorde donde importa más destruir al adversario que convencer al ciudadano. Videos editados, cuentas falsas, memes agresivos, rumores sin pruebas y piezas creadas con inteligencia artificial circulan a una velocidad imposible de controlar. La política peruana descubrió que el algoritmo premia el escándalo y castiga la reflexión. Por eso abundan los insultos, las acusaciones y los mensajes apocalípticos, mientras escasean las propuestas serias sobre inseguridad, economía, salud o educación.

De un lado, sectores vinculados a Keiko Fujimori impulsan mensajes que advierten sobre el supuesto riesgo de radicalización política y crisis económica si gana Roberto Sánchez. Del otro, simpatizantes de Sánchez reactivan el antifujimorismo histórico y presentan a Fuerza Popular como símbolo de corrupción, autoritarismo y captura del Estado. Ambos discursos se alimentan mutuamente. La campaña dejó de ser una disputa de ideas y se convirtió en una competencia de temores.

Pero el fenómeno más llamativo y probablemente más peligroso para el sistema político es el crecimiento del rechazo ciudadano hacia ambas candidaturas. En medio de esta batalla digital ha surgido una tercera corriente: la del voto blanco, nulo o viciado. Miles de ciudadanos sienten que esta elección no representa esperanza, sino resignación. Y ese sentimiento se expande precisamente en redes sociales, donde la polarización extrema termina empujando a muchos electores hacia el rechazo total del proceso.

El voto viciado o en blanco probablemente dé el golpe histórico en esta segunda vuelta. No como un acto de indiferencia, sino como una protesta política organizada frente a una campaña que millones consideran tóxica, manipuladora y vacía de soluciones reales. Cada día aparecen más ciudadanos promoviendo la idea de que el rechazo también puede convertirse en mensaje democrático.

La propia Constitución peruana contempla escenarios de nulidad electoral cuando los votos blancos o nulos superan determinados umbrales legales. Por eso, el debate dejó de ser marginal y empezó a instalarse con fuerza en el espacio público. La sensación de una ciudadanía atrapada entre dos opciones que generan rechazo podría terminar marcando esta elección más que cualquier slogan de campaña.

El gran drama del Perú es que la segunda vuelta parece estar definida por el miedo antes que por la esperanza. Las redes sociales, lejos de elevar el debate, muchas veces profundizan la división, el odio y la manipulación colectiva.

Reflexión final
La democracia no solo se debilita cuando hay corrupción o autoritarismo. También se deteriora cuando la política se convierte en un espectáculo de guerra digital permanente. Si las redes reemplazan las ideas por ataques y el ciudadano termina votando solo por miedo o rabia, el país no estará eligiendo un futuro: estará sobreviviendo electoralmente. Y quizás ese sea el verdadero mensaje detrás del crecimiento del voto viciado, blanco y nulo: millones de peruanos ya no quieren seguir escogiendo entre el miedo y la resignación. (Foto: lacajanegra.blog).

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