El debate presidencial por la segunda vuelta excluye al deporte

El debate presidencial entre Keiko Fujimori y Roberto Sánchez abordará seguridad ciudadana, Estado democrático, derechos humanos, educación, salud, economía, empleo y pobreza. Son temas urgentes, nadie lo discute. Pero hay una ausencia escandalosa: el deporte y la actividad física. Que una segunda vuelta presidencial ignore esta agenda demuestra una mirada pobre, limitada y atrasada sobre el desarrollo nacional. El deporte no es un pasatiempo de fin de semana; es salud pública, educación, prevención, inclusión, disciplina, identidad y derecho ciudadano.

Hablar de salud sin hablar de actividad física es una contradicción. Una persona que practica deporte tiene más posibilidades de mantener una vida saludable, reducir riesgos asociados al sedentarismo y prevenir enfermedades que luego saturan hospitales. El Estado peruano prefiere gastar tarde en enfermedad antes que invertir temprano en prevención. Esa lógica es absurda, costosa y profundamente irresponsable.

También es una herramienta educativa. El deporte enseña disciplina, respeto por reglas, trabajo en equipo, tolerancia a la frustración y convivencia. En un país golpeado por violencia, inseguridad y descomposición social, excluir el deporte del debate público es renunciar a una de las pocas políticas capaces de formar ciudadanía desde la infancia.

El sistema deportivo nacional está obsoleto. No existe una política nacional moderna, medible y sostenida. El modelo institucional del IPD parece anclado en otra época, con una estructura burocrática que administra papeles más que rendimiento, infraestructura y desarrollo humano. El IPD debería tener mayor jerarquía, incluso rango ministerial o adscripción estratégica al Consejo de Ministros, porque su campo de acción cruza salud, educación, juventud, inclusión, alto rendimiento y desarrollo territorial.

La contradicción es vergonzosa: el IPD posee más de 520 infraestructuras deportivas a nivel nacional, muchas deterioradas o abandonadas, mientras el Estado sigue financiando nuevos escenarios para eventos internacionales. Se construye para la foto, para la ceremonia y para el discurso; pero no se mantiene lo existente. Organizar Juegos Panamericanos o Bolivarianos no significa tener un sistema deportivo exitoso. Significa, apenas, saber montar eventos. El deporte de verdad se mide en escuelas, barrios, clubes, federaciones, atletas apoyados y ciudadanos activos.

Peor aún, si la estructura interna del IPD está dominada por personal administrativo y cuenta con pocos especialistas deportivos, el modelo está invertido. El deporte necesita entrenadores, metodólogos, médicos, psicólogos, nutricionistas, gestores, científicos del rendimiento y técnicos de campo. No puede seguir secuestrado por escritorios.

Fujimori y Sánchez deberían explicar qué harán con la infraestructura abandonada, cómo impulsarán el deporte escolar, qué presupuesto darán a las federaciones, cómo apoyarán a los atletas y cómo convertirán la actividad física en política nacional de prevención.

Reflexión final
Excluir el deporte del debate presidencial no es un olvido: es una confesión de ignorancia política. Un país que no invierte en deporte pagará más en hospitales, cárceles y frustración juvenil. El Perú no necesita más discursos sobre futuro; necesita construirlo también desde una cancha, una piscina, una pista, un coliseo y una escuela. (Foto: lacajanegra.blog).

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