Emergencia por sarampión: vacunación para frenar el brote

El Perú ha declarado emergencia sanitaria por sarampión durante 90 días, tras confirmarse transmisión local en Puno y advertirse riesgo de expansión en Lima Metropolitana, Callao y otras regiones. La medida debe tomarse con seriedad: el sarampión es una de las enfermedades más contagiosas y su avance no se detiene con discursos, sino con vacunación oportuna, vigilancia epidemiológica y responsabilidad ciudadana.

La vocera del Minsa, Ingrid Livia Arquíñigo, recordó que la vacuna contra el sarampión se aplica en dos dosis: la primera al año de edad y la segunda a los 18 meses. Además, los niños con esquema incompleto pueden ponerse al día hasta los 10 años, 11 meses y 29 días. El mensaje es directo: las familias deben verificar el carné físico o digital de vacunación y acudir al establecimiento de salud más cercano.

El problema es que esta emergencia revela una falla que viene de atrás. Después de la pandemia, muchas coberturas de vacunación bajaron por miedo, desinformación, descuido o falta de acceso. Y cuando la vacunación cae, las enfermedades prevenibles regresan. No hay misterio epidemiológico: hay abandono preventivo.

Aquí no caben medias tintas. La vacunación no es una opinión ni un acto individual sin consecuencias colectivas. Cuando un niño no recibe sus dosis, no solo queda expuesto él; también se pone en riesgo a bebés, personas inmunosuprimidas y comunidades enteras. Por eso, las campañas en colegios, mercados, iglesias, aeropuertos, terminales y visitas casa por casa son necesarias, pero deben ejecutarse con intensidad, claridad y continuidad.

El Estado, sin embargo, tampoco puede limitarse a culpar a las familias. Debe garantizar vacunas disponibles, personal suficiente, horarios accesibles, información simple y brigadas efectivas. Pedir responsabilidad ciudadana sin ofrecer servicios oportunos sería otra forma de lavarse las manos.

La emergencia sanitaria por sarampión exige una respuesta inmediata: cerrar brechas de vacunación, reforzar la vigilancia y comunicar sin confusión. La vacuna salva vidas, pero solo si llega a tiempo y si la población confía en el sistema.

Reflexión final
El sarampión no debería volver a preocupar a un país que cuenta con vacunas. Si reaparece, es porque algo falló: la prevención, la gestión o la confianza. Frenar el brote es urgente, pero aprender la lección es indispensable. La salud pública no puede vivir reaccionando cuando ya perdió tiempo. (Foto: lacajanegra.blog).

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