Sport Boys en crisis: SAFAP denuncia cuotas impagas desde febrero

Sport Boys vuelve a quedar bajo la lupa, no solo por su delicada ubicación deportiva, sino por una señal más preocupante: la fragilidad institucional que se repite temporada tras temporada. SAFAP denunció que el club mantiene cuotas impagas de marzo y abril, vinculadas a obligaciones laborales anteriores y convenios de refinanciamiento; además, precisó que el último abono registrado fue el 28 de febrero, fuera del plazo establecido.

El problema no es únicamente contable. Cuando un club incumple compromisos laborales, se afecta la estabilidad de futbolistas, trabajadores y familias que dependen de pagos oportunos. El fútbol profesional no puede sostenerse sobre promesas, comunicados de urgencia o soluciones de último minuto. Menos aún cuando el equipo pelea por no comprometerse con el descenso y cada punto, dentro y fuera de la cancha, pesa como una sentencia.

SAFAP ya solicitó a la Comisión de Licencias de la FPF que evalúe sanciones conforme a la normativa vigente. Ese detalle es central: el sistema de licencias no debería ser un trámite decorativo, sino un mecanismo real de control financiero, responsabilidad institucional y protección laboral. La propia documentación de la FPF contempla que la Comisión puede atribuir incumplimientos e imponer sanciones cuando corresponda.

El caso de Sport Boys duele porque no se trata de cualquier institución. Es un club histórico, popular, chalaco, con una hinchada que no merece vivir cada año entre la pasión y la incertidumbre administrativa. Pero precisamente por esa historia, la exigencia debe ser mayor. La tradición no paga deudas. La camiseta no sustituye gestión. La identidad no puede usarse como escudo para normalizar incumplimientos.

La pregunta incómoda es inevitable: si el club arrastra dificultades económicas recurrentes, ¿podrá terminar el presente torneo sin mayores sobresaltos? La respuesta no debe depender de discursos optimistas, sino de hechos verificables, pagos cumplidos y una ruta financiera seria.

Reflexión final
Sport Boys no solo juega contra UTC, la tabla o el fantasma de la baja. Juega contra su propio desorden. Y cuando una institución histórica empieza a perder credibilidad, el descenso más grave no siempre es deportivo: también puede ser moral, administrativo e institucional. (Foto: lacajanegra.blog).

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