El dato debería sacudir al país: 8 de cada 10 peruanos no están vacunados contra el sarampión, según la alerta del Ministerio de Salud. Hasta abril de 2026, la cobertura nacional apenas llegó al 21,7%, muy lejos del 95% necesario para proteger a la población. En una enfermedad altamente contagiosa y prevenible, esta cifra no es solo preocupante: es una señal de fracaso sanitario.
El sarampión no necesita demasiadas oportunidades para propagarse. Basta una baja cobertura, una comunidad vulnerable y un sistema que reaccione tarde. Hoy el Perú ya registra más de 200 casos, con Puno como la región más golpeada. Allí, la cobertura de vacunación es alarmante: poco más de 26% en primera dosis y cerca de 20% en segunda dosis. Es decir, el virus no encontró resistencia suficiente; encontró puertas abiertas.
El Minsa atribuye parte del problema a la desinformación de grupos antivacunas. Y es cierto: los discursos sin base científica han hecho daño. Cuando una familia rechaza la vacuna, no solo expone a su hijo; también pone en riesgo a bebés, adultos vulnerables y personas con defensas bajas. La decisión individual, en salud pública, puede convertirse en amenaza colectiva.
Pero el Estado tampoco puede esconderse detrás de esa explicación. La baja vacunación también revela campañas débiles, mala articulación territorial, pérdida de confianza tras la pandemia y servicios que no siempre llegan a tiempo. Si las brigadas visitan viviendas y encuentran rechazo, la respuesta no debe ser solo lamentarse: debe ser educar, insistir, explicar y recuperar credibilidad.
Que 8 de cada 10 peruanos no estén vacunados contra el sarampión es una emergencia que exige acción inmediata. No basta declarar alertas ni repetir que la vacuna salva vidas. Hay que garantizar acceso, información clara y presencia sanitaria real.
Reflexión final
El sarampión fue una enfermedad controlable, no una sorpresa inevitable. Si hoy vuelve a preocupar, es porque fallaron la prevención, la comunicación y la confianza. La vacuna existe. Lo que falta es que el país actúe antes de que la negligencia se convierta en brote nacional. (Foto: lacajanegra.blog).
