López Chau: Ni fujimorismo, ni cogobierno con Sánchez

La segunda vuelta presidencial empieza a ordenar el tablero, pero no necesariamente a elevar el nivel de la política. Alfonso López Chau y Ahora Nación han marcado posición: no respaldarán a Keiko Fujimori, tampoco entregarán un cheque en blanco a Roberto Sánchez y rechazan cualquier forma de cogobierno. En un país acostumbrado a los acomodos de última hora, la frase “ni fujimorismo, ni cogobierno” funciona como advertencia política y como intento de supervivencia ética ante una campaña cargada de miedos, cálculos y urgencias.

Ahora Nación ha sido frontal al calificar a Fuerza Popular como una amenaza para la democracia, señalando su historial de confrontación institucional, cuestionamientos por corrupción y vocación de control sobre espacios públicos. La afirmación es dura, pero no aparece en el vacío. El fujimorismo carga una larga mochila política: los años noventa, el uso del poder, los conflictos con instituciones y una bancada que, en distintos momentos, ha actuado más como fuerza de bloqueo que como partido responsable ante el país.

Sin embargo, el pronunciamiento tampoco convierte a Roberto Sánchez en salvador automático. Ahora Nación reconoce que Juntos por el Perú no despierta plena confianza y exige compromisos públicos y sinceros: respeto a la democracia, independencia de poderes, lucha contra la corrupción, combate a las economías ilegales, servicios públicos eficientes, descentralización y un gabinete de unidad nacional con profesionales competentes y honestos. Dicho de otro modo: apoyo condicionado, sin cargos, sin cuotas y sin reparto de ministerios como si el Estado fuera una mesa de negociación.

Ahí está el punto más crucial. En una segunda vuelta dominada por el miedo, muchos partidos empiezan a vender su respaldo como si fueran dueños de los votos ciudadanos. López Chau intenta diferenciarse de esa feria política: no pide cogobernar, pero exige garantías. No respalda a Keiko, pero tampoco absuelve a Sánchez. Es una posición incómoda, porque obliga a mirar la política con menos consignas y más responsabilidades.

En contraste, Venceremos, liderado por Ronald Atencio, anunció su respaldo a Sánchez sin condicionamientos. Esa postura puede parecer más clara, pero también plantea una pregunta: ¿es sano entregar apoyo político sin exigir compromisos verificables en un país donde los gobiernos suelen olvidar sus promesas apenas pisan Palacio?

La segunda vuelta no necesita adhesiones ciegas ni pactos bajo la mesa. Necesita compromisos públicos, límites democráticos y vigilancia ciudadana. Si Sánchez quiere sumar apoyos serios, tendrá que demostrar que puede gobernar sin improvisación, sin captura partidaria y sin ambigüedades.

Reflexión final
El Perú no está para cheques en blanco. Ya pagó demasiado caro los gobiernos de confianza fácil y fiscalización tardía. En esta elección, apoyar no puede significar someterse; debe significar exigir. (Foto: lacajanegra.blog).

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