Melgar lanzó un duro comunicado contra el arbitraje y el VAR, y la Liga1 volvió a quedar atrapada en su costumbre más dañina: convertir un partido de fútbol en un expediente de sospechas. El club arequipeño expresó su disconformidad y pidió la publicación de los audios del VAR. No es un pedido exagerado ni una rabieta deportiva. Es una exigencia básica en un campeonato que presume modernización, pero todavía administra la transparencia como si fuera un favor.
El problema no es solo Melgar ni una jugada discutida. El problema es un sistema arbitral que exige respeto, pero muchas veces responde con silencio. Cada fecha deja reclamos, comunicados, indignación y una sensación incómoda: en la Liga1 se juega en la cancha, pero también en cabinas donde nadie sabe con claridad qué se revisó, qué se dijo y por qué se decidió.
El VAR llegó para corregir errores, no para sofisticar la duda. Sin embargo, cuando los audios no se publican y los criterios no se explican, la tecnología termina siendo maquillaje caro sobre una estructura frágil. Cámaras, pantallas, líneas y repeticiones no sirven de mucho si clubes, hinchas y periodistas deben creer por fe. Y el fútbol no puede sostenerse en actos de fe, sino en reglas claras y decisiones verificables.
Melgar tiene derecho a reclamar porque cada punto vale dinero, prestigio, clasificación internacional, continuidad de entrenadores, contratos y planificación deportiva. Un error arbitral no es una anécdota de domingo: puede torcer una temporada entera. Por eso, la FPF, la Liga1 y la Conar no pueden seguir escondiéndose detrás de comunicados fríos, explicaciones tardías o silencios convenientes.
La autoridad arbitral no se defiende cerrando puertas. Se defiende abriendo audios, mostrando criterios, evaluando desempeños y sancionando cuando corresponde. Si una decisión fue correcta, la transparencia la fortalece. Si fue equivocada, la transparencia permite corregir. Lo demás es alimentar la desconfianza y convertir cada fecha en una nueva sospecha nacional.
El comunicado de Melgar debería obligar a una reacción seria. La publicación de los audios del VAR en jugadas polémicas debe ser permanente, obligatoria y rápida. No puede depender del tamaño del club, del ruido mediático ni de la presión en redes sociales.
Reflexión final.
Sin transparencia, el VAR no limpia la Liga1: solo le pone cámara lenta a la sospecha. Y un campeonato que no explica sus decisiones termina perdiendo lo único que no se compra con auspicios ni derechos de televisión: credibilidad. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).
