Por El Capibara, periodista silvestre, libre y sin dueño. Entrevista desde la eternidad sobre poder, abandono y mérito infernal. Fui a entrevistar a Lucifer con una pregunta directa: ¿El político peruano merece ir al infierno por todo lo malo que hace, permite y normaliza?
Lo encontré revisando un archivo grueso. En la portada decía: “Político peruano: méritos acumulados”. Dentro estaban las pruebas simbólicas de siempre: corrupción, desgobierno, promesas vencidas, hospitales en agonía, colegios olvidados, niños con anemia, extorsiones, asesinatos, secuestros, minería ilegal, narcotráfico, impunidad y una vocación admirable para culpar siempre al gobierno anterior.
Lucifer sonrió con cansancio.
“Capibara”, dijo, “algunos no necesitan postular. Ya vienen recomendados por sus propias obras”.
EL CAPIBARA: Lucifer, ¿el político peruano ya tiene espacio reservado en el infierno?
LUCIFER: Reservado no. Separado, ventilado y con expediente digitalizado. Hay políticos que han hecho tantos méritos que si el infierno tuviera mesa de partes, ya vendrían con cargo de recepción.
EL CAPIBARA: ¿Cuál sería el primer requisito?
LUCIFER: Prometer servir al pueblo y terminar sirviéndose del pueblo. Es el pecado fundacional de la política criolla: entrar humilde, salir blindado y volver en campaña como si hubiera sido turista del desastre.
EL CAPIBARA: ¿La corrupción basta para calificar?
LUCIFER: La corrupción abre la puerta. Pero el político peruano ambicioso trae el combo completo: cinismo, soberbia, incapacidad, amnesia electoral y esa sonrisa de “yo no fui” frente al país incendiado.
EL CAPIBARA: ¿Qué le indigna más?
LUCIFER: El abandono de los niños. Un político que tolera anemia, desnutrición y pobreza infantil mientras discute cargos y alianzas no está haciendo política: está hipotecando vidas ajenas con tinta oficial.
EL CAPIBARA: ¿Y la salud pública?
LUCIFER: Hospitales sin medicinas, pacientes esperando, familias rogando por atención. Eso no es crisis sanitaria: es una condena anticipada administrada por burócratas con aire acondicionado.
EL CAPIBARA: ¿La educación?
LUCIFER: El político peruano ama la educación en discursos y la abandona en presupuestos. Habla del futuro mientras deja a miles de estudiantes peleando contra techos rotos, brechas digitales y oportunidades mutiladas.
EL CAPIBARA: ¿La inseguridad suma puntos?
LUCIFER: Suma kilómetros. Cuando el comerciante paga cupo, el transportista trabaja con miedo y la familia evita salir de noche, el Estado no está fallando: está dejando que el crimen firme asistencia.
EL CAPIBARA: ¿Qué opina de las bandas criminales?
LUCIFER: Han encontrado un país donde el miedo paga impuestos. Extorsionan, amenazan, matan y secuestran, mientras algunas autoridades anuncian planes con la energía de quien lee el menú de una cafetería.
EL CAPIBARA: ¿Y la minería ilegal?
LUCIFER: Es devastación con maquinaria pesada y silencio institucional. Destruye ríos, bosques y comunidades, pero siempre encuentra a alguien que mire al techo, revise el celular y diga: “Estamos evaluando”.
EL CAPIBARA: ¿Y el narcotráfico?
LUCIFER: El narcotráfico no avanza solo. Avanza donde el Estado llega tarde, donde la autoridad se vende barata y donde el silencio cotiza mejor que la ley. Así no se construye país; se alquila soberanía.
EL CAPIBARA: ¿El político peruano es de los más calificados para el infierno?
LUCIFER: Tiene experiencia internacional competitiva. Su especialidad es sobrevivir al escándalo, reciclarse en campaña y pedir “unidad nacional” justo después de haber contribuido a partir el país en pedazos.
EL CAPIBARA: ¿Qué lo hace tan peculiar?
LUCIFER: Su memoria selectiva. Recuerda al pueblo en campaña, al abogado en investigación y a la patria cuando necesita blindaje.
EL CAPIBARA: ¿Y cuándo dice que todo es persecución?
LUCIFER: Es una tradición hermosa: cuando hay aplausos, es voluntad popular; cuando hay cuestionamientos, es conspiración. Una elasticidad moral digna de circo.
EL CAPIBARA: ¿Cuál sería la condena perfecta?
LUCIFER: Que viva eternamente haciendo cola en el hospital que ignoró, esperando justicia en el sistema que debilitó y caminando por la calle donde nunca garantizó seguridad.
EL CAPIBARA: Entonces, ¿merece el infierno?
LUCIFER: El político que roba, abandona, miente, encubre, se burla del ciudadano y permite que el país se pudra por dentro no necesita que yo lo condene. Ya se condenó administrando la desgracia como si fuera presupuesto.
Lucifer cerró el expediente y dijo:
“El político peruano no siempre cae por falta de talento. Cae por exceso de cálculo, falta de vergüenza y una extraordinaria capacidad para convertir el poder en refugio personal”.
Y añadió:
“Si el infierno fuera una licitación pública, algunos ya habrían ganado por experiencia acumulada”.
El problema no es que existan malos políticos. El problema es que muchos han aprendido a operar dentro del desastre como si fuera su ecosistema natural.
Mientras el ciudadano trabaja, paga impuestos, se cuida del crimen y espera atención, una parte de la política juega a sobrevivir, blindarse y reciclarse.
Ese es el verdadero fuego: no el del infierno, sino el de un país obligado a arder lentamente por la irresponsabilidad de quienes prometieron apagarlo.
Soy El Capibara, periodista silvestre, libre y sin dueño. Y después de entrevistar a Lucifer, entendí algo incómodo: algunos políticos no temen al infierno porque ya aprendieron a hacer campaña dentro de él. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).
