El Mundial 2026 apenas ha comenzado y ya enfrenta una polémica que trasciende el fútbol. La FIFA, organismo que presume de promover la inclusión, la diversidad y la universalidad del deporte, ha quedado en el centro de las críticas por impedir que periodistas formulen preguntas en español durante determinadas conferencias de prensa oficiales.
Aunque la entidad sostiene que no existe una prohibición formal, los hechos observados en las comparecencias de Brasil, Marruecos y Países Bajos han generado una sensación difícil de justificar: uno de los idiomas más hablados del planeta ha sido relegado por cuestiones burocráticas en una Copa del Mundo organizada, precisamente, por un país hispanohablante como México.
La situación alcanzó niveles difíciles de comprender cuando futbolistas como Vinicius Junior, Achraf Hakimi y Frenkie de Jong manifestaron que podían entender perfectamente las preguntas formuladas en español. Incluso algunos de ellos alentaron a los periodistas a expresarse en ese idioma. Sin embargo, la organización intervino para exigir que las preguntas se realizaran exclusivamente en los idiomas autorizados por el protocolo.
La imagen resulta paradójica. Un futbolista nacido en España, como Achraf Hakimi, no puede responder en español a un periodista hispanohablante porque una norma administrativa lo impide. Vinícius Júnior, que domina el idioma tras años jugando en España, debe colocarse un sistema de traducción para escuchar una pregunta que perfectamente podría entender de manera directa.
La FIFA argumenta que el problema radica en la disponibilidad de intérpretes y en la necesidad de garantizar una traducción simultánea para todos los asistentes. Sin embargo, esta explicación deja al descubierto una preocupante falta de planificación.
Resulta difícil aceptar que una organización con ingresos multimillonarios y capacidad para coordinar el evento deportivo más grande del planeta no haya previsto servicios de interpretación para una lengua hablada por más de 500 millones de personas.
La contradicción es aún mayor si se considera que México es uno de los tres anfitriones del torneo. En otras palabras, el idioma oficial de uno de los países organizadores puede quedar excluido de determinadas ruedas de prensa porque la FIFA decidió no asignar traductores para esas sesiones.
Más allá de la logística, el episodio revela una tendencia preocupante: la excesiva rigidez de los protocolos. Cuando las reglas terminan dificultando la comunicación entre periodistas y futbolistas que comparten un mismo idioma, el procedimiento deja de servir al objetivo para el cual fue creado.
La FIFA insiste en que no existe un veto oficial al español. Sin embargo, para los periodistas afectados y para millones de aficionados hispanohablantes, la diferencia entre una prohibición formal y una limitación práctica resulta cada vez menos relevante.
Lo que importa son los hechos observados dentro del Mundial.
Reflexión final
El fútbol se convirtió en el deporte más popular del planeta porque logró unir culturas, idiomas y pueblos distintos. Por ello resulta preocupante que, en el Mundial que promete ser el más global de la historia, el español haya terminado convertido en un idioma secundario por decisión de quienes deberían garantizar precisamente lo contrario. La grandeza de una Copa del Mundo no se mide únicamente por los estadios o las audiencias, sino también por el respeto que demuestra hacia la diversidad que dice representar. (Foto ilustración: lacajanegra.blog). #FIFA
