Hinchas del mundo se rebelan contra Infantino y exigen su salida

La crisis de Gianni Infantino dejó de ser únicamente una disputa entre dirigentes encerrados en las oficinas de FIFA. Ahora llegaron quienes sostienen económicamente buena parte del espectáculo: los aficionados. Una coalición internacional de organizaciones de hinchas lanzó este 20 de agosto la campaña #InfantinoOut, reclamando la renuncia del presidente y una reforma profunda de la gobernanza de FIFA. El detonante fue el frustrado FIFA Forward Enterprise (FFE), proyecto que pretendía abrir a inversores privados una participación en una estructura destinada a explotar activos comerciales del organismo. Infantino retiró la iniciativa, pero retirar el proyecto no retiró las preguntas.

La protesta tiene una dimensión que FIFA difícilmente puede reducir a una discrepancia aislada. Football Supporters Europe, Football Supporters Africa, Independent Supporters Council y decenas de organizaciones nacionales respaldan la iniciativa. Su acusación política es contundente: consideran que existe concentración de poder, decisiones opacas y falta de rendición de cuentas. Su conclusión también lo es: Infantino debería abandonar la presidencia y FIFA necesita reformas que impidan repetir una crisis semejante.

El episodio del FFE explica buena parte de la indignación. Según la información publicada, el proyecto contemplaba una estructura comercial valorada en alrededor de US$20.000 millones, con la posibilidad de colocar aproximadamente el 20% entre inversores privados. La cuestión trasciende cualquier discusión financiera. ¿Quién autorizó a explorar semejante transformación del patrimonio comercial del fútbol mundial, bajo qué controles, con qué información previa y con qué participación de las 211 asociaciones que integran FIFA? Un negocio puede resultar rentable y seguir siendo institucionalmente cuestionable cuando quienes deberían fiscalizarlo descubren tarde cómo fue concebido.

Y el FFE no aparece solo. Los aficionados recuerdan otras controversias de la era Infantino: el proyecto de celebrar el Mundial cada dos años y, especialmente, la política de entradas del Mundial 2026. FIFA terminó ofreciendo una categoría de entradas de US$60 para aficionados de las selecciones clasificadas, después de fuertes críticas por los precios. El mensaje de los hinchas es difícil de ignorar: quienes llenan las tribunas no quieren ser tratados simplemente como consumidores de un producto cada vez más caro.

La crisis, además, ya alcanzó la propia estructura institucional. La salida del director de operaciones Kevin Lamour después de criticar el FFE y el retiro de confianza expresado por el vicepresidente de FIFA Sándor Csányi profundizaron las dudas sobre el liderazgo de Infantino. Lo que comenzó como una controversia comercial terminó convirtiéndose en una discusión sobre cómo se ejerce el poder dentro de FIFA.

Infantino puede conservar respaldos entre federaciones y confiar en la aritmética electoral rumbo a 2027. Pero gobernar FIFA no debería reducirse a reunir votos suficientes para conservar el cargo. La legitimidad también depende de transparencia, contrapesos, consulta y confianza.

Reflexión final
El fútbol profesional convirtió al hincha en cliente, audiencia, suscriptor y fuente permanente de ingresos. Ahora esos mismos aficionados reclaman recuperar otra condición: ser parte interesada del deporte que financian y sostienen.

Infantino consiguió retirar el FFE. Lo que ya no puede retirar con la misma facilidad es la crisis que dejó detrás.

Porque cuando dirigentes, confederaciones, ejecutivos y ahora aficionados empiezan a formular la misma pregunta, FIFA debería escucharla: ¿el fútbol mundial está gobernado para servir al juego o el juego está siendo administrado para servir al poder? (Foto ilustración: lacajanegra.blog).

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