Rafael López Aliaga llama a Keiko Fujimori “Dina Boluarte 2”

Rafael López Aliaga decidió resumir su desencanto con el gobierno de Keiko Fujimori en una frase de alto impacto: “Dina Boluarte 2”. No es una comparación menor. Es una acusación política de continuidad, lentitud y falta de respuestas frente a problemas que la nueva administración prometió enfrentar con otra velocidad y otro estilo.

Lo llamativo es que la crítica no viene de la oposición tradicional, sino de alguien que respaldó a Fujimori. Por eso la frase golpea más: cuando un aliado reciente empieza a hablar de continuidad, el problema deja de ser solo comunicacional y se convierte en una advertencia política.

López Aliaga cuestiona que, después de varias semanas de gobierno, no exista un “shock de seguridad” visible frente a homicidios, extorsiones y sicariato. Y allí toca un nervio sensible. La ciudadanía no evalúa la seguridad por la cantidad de reuniones, operativos anunciados o planes bautizados con nombres contundentes. La evalúa por una pregunta mucho más básica: ¿se puede salir a trabajar sin miedo?

También cuestiona el manejo de Petroperú y el mantenimiento de apoyos económicos a una empresa con fuertes pérdidas. Su crítica puede discutirse en términos técnicos, pero políticamente instala una idea incómoda: mientras se pide paciencia frente a la inseguridad, el Estado sigue encontrando recursos para sostener problemas antiguos.

A eso añade el salvoconducto otorgado a Betssy Chávez, decisión que López Aliaga califica como uno de los errores graves del inicio de gestión.

Pero hay una contradicción que tampoco puede ocultarse. López Aliaga apoyó a Keiko Fujimori. Si ahora afirma que representa una continuidad de Dina Boluarte, también debería explicar por qué respaldó un proyecto que, según su propia evaluación, reproduce prácticas que hoy critica.

La política peruana tiene esa costumbre: primero se firma el respaldo y después se descubre que el producto no era exactamente como decía la etiqueta.

La frase “Dina Boluarte 2” puede ser exagerada como recurso político, pero expresa una percepción que el Gobierno no debería minimizar: la sensación de que los cambios prometidos todavía no se traducen en hechos contundentes.

Reflexión final
Keiko Fujimori prometió orden, autoridad y cambio de rumbo. López Aliaga dice que ve continuidad. Si el Gobierno no empieza a mostrar diferencias concretas, el verdadero riesgo no será que un adversario la compare con Dina Boluarte, sino que esa comparación empiece a instalarse en la ciudadanía. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).

Lo más nuevo

Artículos relacionados