Terremoto en FIFA: futbolistas se rebelan contra Gianni Infantino

La crisis de Gianni Infantino acaba de recibir un golpe que ya no proviene de despachos, confederaciones o votaciones internas. Esta vez son leyendas del fútbol mundial, campeones y referentes históricos quienes decidieron romper el silencio y cuestionar abiertamente la conducción de la FIFA. Emmanuel Petit, Bixente Lizarazu, Robert Pires y Didier Drogba, entre otros, firmaron una carta contundente contra el rumbo adoptado por el organismo y, en particular, contra el intento de abrir a inversores privados parte del negocio futuro de los Mundiales. Cuando quienes ayudaron a construir el prestigio del fútbol mundial consideran que ha llegado el momento de decir “ya basta”, la crisis deja de parecer un desacuerdo administrativo y empieza a tener la dimensión de una rebelión moral.

El manifiesto de las leyendas apunta directamente al corazón del problema: la concentración del poder y la creciente distancia entre quienes gobiernan el fútbol y quienes realmente lo hacen existir. Los firmantes sostienen que durante demasiado tiempo se han tomado decisiones importantes sin una participación real de jugadores y aficionados. Esa crítica no se limita al fallido proyecto comercial que pretendía vender una participación estratégica de los derechos de los Mundiales a capitales privados. Va mucho más allá, porque cuestiona una forma de gobernar en la que quienes pisan el campo y quienes llenan las tribunas pueden terminar convertidos en simples espectadores de decisiones multimillonarias tomadas lejos de la cancha.

La frase más dura del documento sostiene que el poder habría nublado la capacidad del actual liderazgo para distinguir entre sus propios intereses y aquello que realmente beneficia al fútbol. Es una valoración de los firmantes y no una sentencia judicial, pero políticamente resulta demoledora. Infantino puede responder a dirigentes, resistir cuestionamientos de confederaciones o relativizar campañas de aficionados, pero resulta mucho más difícil minimizar a campeones del mundo y figuras históricas que cuestionan la legitimidad de una gestión que presume hablar en nombre de todo el fútbol.

El proyecto comercial fue retirado, pero el terremoto político no terminó con su cancelación. Las leyendas reclaman cambio estructural, representación real y una voz directa para jugadores y aficionados en la toma de decisiones. No están pidiendo una rectificación cosmética ni una disculpa protocolar, sino revisar la arquitectura misma del poder dentro de FIFA. Esa exigencia resulta especialmente incómoda porque plantea una pregunta elemental: ¿puede una institución hablar de modernización mientras quienes sostienen el juego siguen teniendo un papel secundario en las decisiones más trascendentes?

Infantino todavía conserva poder institucional, respaldo de determinadas federaciones y capacidad de maniobra rumbo a 2027. Sin embargo, su problema ya no es únicamente reunir votos suficientes para continuar. También debe enfrentar una pérdida de confianza que se expande desde varios frentes al mismo tiempo. Confederaciones, dirigentes, aficionados, exfuncionarios y ahora leyendas del fútbol coinciden, con matices distintos, en exigir más transparencia, más contrapesos y menos decisiones concentradas alrededor de una sola figura.

Reflexión final
La FIFA administra el fútbol mundial, pero no puede actuar como si fuera su propietaria. Los dirigentes ocupan cargos temporales; los jugadores construyen la historia y los aficionados sostienen la pasión, el consumo y la legitimidad del espectáculo. Cuando quienes hicieron grande al juego empiezan a decir que el poder se alejó demasiado de la cancha, el problema deja de ser de comunicación y pasa a ser de legitimidad. Y ningún presidente, por poderoso que sea, debería sentirse por encima del deporte que le corresponde servir. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).

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