La FIFA se encamina hacia una batalla electoral que promete dividir al fútbol mundial. El 18 de noviembre de 2026 vencerá el plazo para presentar candidaturas y el 18 de marzo de 2027, en Rabat, llegará la hora de votar. En medio aparece Gianni Infantino, el dirigente suizo-italiano que busca prolongar su permanencia en la presidencia hasta 2031. Pero esta vez el camino no parece despejado. El fracaso de su proyecto FIFA Forward Enterprise, los cuestionamientos sobre gobernanza y la pérdida de respaldos han transformado una reelección que podía parecer rutinaria en una lucha abierta por el control de FIFA.
Infantino parece haber entendido hace tiempo que las elecciones no se ganan únicamente durante la campaña oficial. Su permanente recorrido por federaciones, gobiernos y confederaciones, acompañado de anuncios, proyectos, apoyos institucionales y futuras sedes, inevitablemente genera interrogantes. Cuando quien busca reelegirse controla simultáneamente la enorme plataforma política, económica y mediática de FIFA, la igualdad electoral merece algo más que discursos sobre democracia. Cada promesa deberá ser observada con lupa para determinar dónde termina la gestión institucional y dónde empieza la campaña.
Frente al suizo-italiano, comienzan a circular nombres capaces de convertir la elección en una verdadera disputa internacional. El canadiense Victor Montagliani, presidente de CONCACAF, aparece entre las alternativas de mayor peso; el bareiní Salman bin Ibrahim Al Khalifa, presidente de la AFC y derrotado por Infantino en 2016, podría intentar nuevamente el asalto a la presidencia. También se menciona a la noruega Lise Klaveness, presidenta de su federación y defensora de reformas en la gobernanza del fútbol.
El tablero incluye además al sueco Mattias Grafström, actual secretario general de FIFA, cuyo eventual salto electoral significaría una disputa nacida dentro de la propia organización, y al polaco Dariusz Mioduski, empresario y dirigente del Legia de Varsovia, mencionado como posible alternativa desde Europa. Son, por ahora, nombres en distintos niveles de evaluación y no candidaturas formalizadas. Aleksander Čeferin, esloveno y presidente de UEFA, y Nasser Al-Khelaïfi, catarí, aparecen descartados según la información proporcionada.
Lo que está en juego supera ampliamente los nombres. Infantino representa una década de expansión comercial y creciente concentración presidencial. Sus adversarios tendrán que demostrar si realmente quieren reformar FIFA o simplemente cambiar al hombre sentado en el sillón.
De noviembre a marzo habrá presiones, alianzas, negociaciones y una feroz búsqueda de votos. Las 211 asociaciones deberán decidir entre continuidad y cambio. Y allí aparecerá la crucial prueba: saber si votarán por un modelo institucional o por los beneficios que cada candidatura pueda prometer.
Reflexión final
FIFA proclama que el fútbol pertenece al mundo. Entonces su presidencia tampoco debería administrarse como patrimonio personal de nadie.
Si sedes, recursos, viajes y promesas terminan funcionando como instrumentos para conquistar votos, no estaremos ante una elección ejemplar, sino ante una gigantesca batalla por conservar el poder. Y esta vez el verdadero Mundial se jugará en los despachos. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).
