Comemos mucho, pero no siempre nos alimentamos bien. Un plato lleno puede aportar abundantes calorías y resultar insuficiente en hierro, proteínas, vitaminas o minerales. Esa diferencia merece atención en un país con la diversidad alimentaria del Perú. La buena noticia es que mejorar nuestra nutrición puede comenzar con decisiones sencillas, acompañadas de orientación profesional y condiciones que permitan a más familias acceder a alimentos saludables.
Sentirse satisfecho después de comer no garantiza haber cubierto las necesidades del organismo. Una alimentación saludable requiere variedad, equilibrio y cantidades acordes con la edad, la actividad física y el estado de salud. Los carbohidratos cumplen una función energética importante; el objetivo es combinarlos adecuadamente con proteínas, grasas saludables, frutas y verduras.
En la práctica, podemos revisar nuestras preparaciones cotidianas. Si predominan arroz, fideos y papa en una misma comida, conviene evaluar las porciones y dar espacio a menestras, huevo, pescado o verduras. Alternar alimentos y preparaciones permite ampliar el aporte de nutrientes. Comer mejor no exige abandonar nuestra cocina: supone aprovechar su diversidad con mayor equilibrio.
La anemia infantil recuerda cuánto importa la calidad nutricional. Según el INEI, afectó al 34,9% de los niños de seis a 35 meses en 2025. Sin embargo, no toda anemia se debe a falta de hierro: existen otras causas que requieren evaluación. Reconocer esta diferencia ayuda a evitar soluciones generales para problemas que necesitan atención individual.
Incorporar alimentos ricos en hierro y acompañar las fuentes vegetales con vitamina C puede favorecer su absorción. Unas lentejas con ensalada aliñada con limón constituyen una combinación práctica. Cuando existe anemia diagnosticada, la alimentación debe acompañar el tratamiento indicado, incluidos los suplementos cuando correspondan. La prevención y el seguimiento profesional trabajan juntos.
También ayuda a organizar las compras, aprovechar productos de temporada y reducir el consumo habitual de bebidas azucaradas y productos con exceso de sal. Estos cambios deben adaptarse al presupuesto y las costumbres familiares. La información resulta más útil cuando ofrece alternativas posibles y respeta la realidad de cada hogar.
Alimentarnos mejor requiere educación, acceso y acompañamiento. Escuelas, mercados, servicios de salud y programas sociales pueden acercar opciones nutritivas a la población. La participación de nutricionistas permite convertir recomendaciones generales en hábitos adecuados para cada etapa de la vida.
Reflexión final
Nuestro orgullo gastronómico puede traducirse también en bienestar cotidiano. El desafío es que la abundancia del plato venga acompañada de calidad nutricional. Aprender a combinar mejor los alimentos y facilitar su acceso es una forma concreta de cuidar a nuestras familias y alimentar el futuro del Perú. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).
