Cincuenta muertos por leptospirosis deberían bastar para exigir cuentas, no únicamente nuevos llamados a “reforzar la prevención”. El Perú registra 13.962 casos hasta la semana epidemiológica 41 de 2026, según los datos del CDC-Minsa. Los fallecimientos ya superan los 49 acumulados entre 2022 y 2025. El Estado no puede acostumbrarse a presentar balances cada vez más graves con el mismo repertorio de recomendaciones.
Los casos reportados superan aproximadamente en 73 % el total de 2025. Esa magnitud exige evaluar la respuesta sanitaria y explicar sus limitaciones. Invocar las lluvias describe parte del riesgo, pero no responde cuántos establecimientos están preparados, dónde faltan insumos o qué poblaciones siguen expuestas. El Niño no firma presupuestos ni decide cuándo ejecutar las intervenciones.
La enfermedad se transmite por contacto con agua o suelo contaminados con orina de animales infectados. Las inundaciones pueden aumentar la exposición. Por eso, recomendar que se evite el agua contaminada debe acompañarse de agua segura, saneamiento y protección efectiva. Pedirle prevención a una familia sin ofrecerle condiciones para protegerse es descargar la responsabilidad sobre quien tiene menos recursos para enfrentarla.
Lima registra 315 casos y diez fallecidos: una letalidad del 3,17 %, la segunda mayor del país en el reporte citado. El dato obliga a investigar posibles demoras, dificultades diagnósticas y condiciones de los pacientes. No prueba automáticamente negligencia, pero exige una revisión seria. La capital tampoco tiene derecho a contemplar esta emergencia como si ocurriera fuera de sus fronteras.
El Minsa ha emitido alertas y dispuesto reforzar vigilancia, diagnóstico y disponibilidad de medicamentos. Ahora corresponde demostrar su cumplimiento. ¿Qué servicios cuentan con personal suficiente? ¿Dónde están los recursos adicionales? ¿Quién supervisa? La gestión sanitaria no puede calificarse por la cantidad de documentos emitidos mientras los pacientes esperan que sus disposiciones funcionen.
La leptospirosis tiene tratamiento antibiótico y necesita atención oportuna. Ante fiebre después de una posible exposición a agua contaminada, debe buscarse evaluación médica e informar ese antecedente, sin automedicarse. Pero exigir al ciudadano que consulte temprano compromete al sistema a atenderlo oportunamente.
El Ejecutivo y las autoridades regionales y municipales deben rendir cuentas sobre agua segura, saneamiento y capacidad asistencial. Cada fallecimiento merece revisión para identificar fallas y oportunidades de mejora. Las responsabilidades que se acrediten deben tener consecuencias; la explicación técnica no puede convertirse en refugio de la omisión.
Reflexión final
Las familias necesitan protección y atención, no aprender a convivir con estadísticas peores. Si el peligro está identificado, la obligación es actuar. Después de cincuenta muertos, la preocupación oficial necesita demostrar para qué sirve. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).
