Multan a Scotiabank por no alertar a cliente de supuesto consumo

Que una operación de S/ 28,790.30 no haya encendido una alerta eficaz en Scotiabank no parece una falla menor: parece una burla al concepto de seguridad bancaria. Más aún cuando, en los seis meses previos, el consumo individual más alto de la clienta había sido de apenas S/ 1,238.80. La diferencia era enorme, evidente, escandalosamente atípica. Pero, al parecer, el sistema que tanto presume tecnología no vio lo que cualquier consumidor habría detectado con sentido común.

La multa impuesta por Indecopi Ica golpea donde más incomoda: en la confianza. Porque los bancos suelen presentarse como guardianes del dinero ajeno, expertos en riesgo, vigilancia digital y protección avanzada. Hablan de claves dinámicas, tokens, monitoreo inteligente y seguridad 24/7. Pero cuando aparece un consumo que multiplica por más de veinte el patrón habitual de una clienta, la supuesta muralla tecnológica parece convertirse en una puerta entreabierta.

Aquí el problema no es solo el monto. Es la lógica. Si el banco puede bloquear operaciones pequeñas por “seguridad”, si puede llamar para ofrecer productos no solicitados y si puede perseguir al cliente por una deuda mínima, ¿cómo no puede reaccionar con la misma energía frente a un consumo de casi S/ 29 mil? Para cobrar, los sistemas son veloces. Para proteger, a veces se vuelven curiosamente lentos.

El consumidor queda entonces atrapado en la parte más débil de la relación: debe reclamar, insistir, esperar y demostrar que algo no cuadraba. Mientras tanto, la entidad financiera se refugia en procedimientos, descargos y tecnicismos. Esa desigualdad es precisamente la que debería indignar. Porque no hablamos de un favor bancario, sino de un deber mínimo de idoneidad: custodiar adecuadamente el dinero del cliente.

La sanción a Scotiabank no debería ser vista como un caso aislado, sino como una advertencia para todo el sistema financiero. La seguridad bancaria no puede ser solo publicidad elegante ni promesa en aplicativo. Debe funcionar cuando realmente importa: antes de que el daño ocurra, no después del escándalo.

Reflexión final
Un banco que no alerta ante una operación abiertamente sospechosa no solo falla técnicamente; falla moralmente frente a quien confió su dinero. La pregunta queda flotando: si una compra de S/ 28,790.30 no hizo sonar la alarma, ¿qué monto necesita el sistema para despertar?. (Foto: Perú Retail).

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