Yape y Plin se convirtieron en el nuevo sencillo del Perú. Hoy sirven para pagar en bodegas, taxis, mercados, restaurantes, peluquerías, ferias y pequeños emprendimientos. Sin embargo, una propuesta de Sunat podría alterar este hábito cotidiano: que las constancias de pago generadas por billeteras digitales sean reconocidas como comprobantes de pago electrónicos. En el papel, la medida busca formalizar. En la realidad, puede provocar que muchos comercios dejen de aceptar Yape o Plin por miedo a una mayor fiscalización.
El problema no es que Sunat quiera ordenar el sistema. El problema es que pretende hacerlo en un país donde la informalidad no siempre nace de la viveza, sino de la supervivencia. Para miles de pequeños comerciantes, cada venta por Yape o Plin no representa evasión sofisticada, sino liquidez diaria para pagar mercadería, alquiler, movilidad, colegio o comida. Si de pronto cada transferencia se convierte en un rastro tributario automático, muchos preferirán volver al efectivo. No porque sea mejor, sino porque sienten que el Estado llega primero con la multa y después —si acaso— con la orientación.
La paradoja es evidente. Yape y Plin ayudaron a bancarizar al Perú popular mucho más rápido que años de discursos oficiales. Permitieron vender sin POS, pagar sin sencillo, reducir el contacto con efectivo y facilitar transacciones en comercios pequeños. Pero ahora el Estado parece descubrir su utilidad cuando puede fiscalizar. Para cobrar, se vuelve digital; para simplificar trámites, reducir costos o acompañar al contribuyente, sigue funcionando como una oficina lenta y desconfiada.
Si la medida se aplica sin gradualidad, podría castigar justamente a quienes dieron el salto hacia la digitalización. El pequeño comerciante necesita reglas claras, límites razonables, capacitación y un régimen tributario simple. No necesita sentirse perseguido por cada yapeo de cinco, diez o veinte soles. Formalizar no puede significar convertir una billetera digital en una cámara de vigilancia fiscal.
Además, existe un riesgo mayor: empujar al país de regreso al efectivo. Eso sería un retroceso absurdo. Menos pagos digitales significan menos trazabilidad, menos bancarización y más informalidad escondida. Sunat puede terminar apagando una de las pocas herramientas que acercó al ciudadano común al sistema financiero.
Yape y Plin podrían dejar de usarse para pagar en muchos comercios si la propuesta de Sunat se percibe como amenaza y no como oportunidad. Regular es necesario, pero hacerlo sin sensibilidad económica puede matar el avance que se pretende ordenar.
Reflexión final
La formalización no se construye asustando al comerciante, sino dándole motivos para confiar. Si cada yapeo empieza a sentirse como una sospecha, el Perú no avanzará hacia la modernidad: volverá al billete escondido, al pago invisible y a la informalidad de siempre. (Foto: Lima Gris).
