Sub-17 femenina: el espejo del fracaso del fútbol peruano

La participación de la Selección Peruana Femenina Sub-17 en el Sudamericano Paraguay 2026 cerró con una nueva derrota ante Venezuela y dejó una radiografía dolorosa del fútbol peruano. Perú cayó 0-3 ante Uruguay, empató 1-1 con Ecuador, perdió 0-5 frente a Brasil y terminó nuevamente golpeado ante Venezuela. El balance deportivo es duro, pero el diagnóstico institucional es todavía más grave. El problema no son las chicas. El problema es el sistema que las manda a competir sin una estructura seria, estable y verdaderamente profesional.

Sería injusto convertir a las futbolistas en responsables de una crisis que no provocaron. Ellas hacen lo que humanamente pueden, compiten con orgullo y defienden una camiseta que muchas veces pesa más por abandono institucional que por historia deportiva. Frente a selecciones con procesos más sólidos, mayor competencia interna, mejor preparación física, planificación sostenida y calendarios juveniles más exigentes, Perú volvió a mostrar sus carencias de fondo.

El fútbol peruano femenino no tiene una hoja de ruta robusta. No existe un plan nacional serio de captación de talento, formación de menores, competencia regular, nutrición, psicología deportiva, infraestructura descentralizada y acompañamiento integral. Se improvisa demasiado y se planifica muy poco. Luego, cuando llegan las derrotas internacionales, algunos se sorprenden como si el resultado no hubiera sido anunciado por años de desidia.

La Sub-17 femenina desnuda una verdad incómoda: el problema no es solo de una categoría ni de un torneo. Es el fracaso de todo un ecosistema futbolístico que tampoco funciona en la Liga 1, la Liga 2, las divisiones menores ni en muchos procesos de selección. El modelo actual es débil, desordenado e improductivo. Forma poco, compite mal y reacciona tarde. No produce talento de manera sostenida, no fortalece clubes, no construye identidad de juego y no garantiza continuidad competitiva.

Brasil no golea solo porque tiene mejores jugadoras. Golea porque tiene estructura. Uruguay y Ecuador no compiten mejor por casualidad. Compiten mejor porque han avanzado en procesos, organización y desarrollo. Venezuela, con sus propias limitaciones, también demuestra que una selección menor necesita trabajo acumulado, no discursos de ocasión. En cambio, el Perú sigue esperando que el amor por la camiseta compense años de abandono. Esa es una exigencia injusta y, además, poco seria.

Por eso, el Perú necesita con urgencia un Plan Nacional de Desarrollo del Fútbol Femenino y Masculino a largo plazo, con metas claras hacia 2035 o 2040. No basta con convocar selecciones cuando hay torneos internacionales. Hay que formar desde niñas y niños, fortalecer clubes, crear ligas juveniles competitivas, profesionalizar entrenadores, descentralizar el scouting, invertir en infraestructura y garantizar continuidad. Sin planificación, cualquier resultado positivo será apenas una excepción, no una consecuencia.

La Selección Sub-17 femenina no debe ser usada como blanco de crítica fácil. Debe ser vista como una advertencia. Si el Perú quiere competir, necesita construir desde abajo, invertir con seriedad y dejar de tratar al fútbol femenino como una obligación secundaria o decorativa. Las jugadoras merecen respaldo real, no aplausos vacíos después de cada caída.

Reflexión final
Cuando una selección menor pierde, no solo cae un equipo. También queda expuesto todo lo que el país no hizo antes. La Sub-17 femenina ha desnudado la crisis del fútbol peruano con una claridad incómoda. Ahora falta saber si los dirigentes tendrán la valentía de mirar esa realidad sin excusas o si, como tantas veces, preferirán esperar el próximo torneo para volver a improvisar. (Foto composición: lacajanegra.blog).

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