FIFA falla en vender derechos del Mundial en China e India

A poco más de un mes del inicio del Mundial 2026, la FIFA enfrenta una situación incómoda que golpea directamente su modelo de negocio global: todavía no logra cerrar la venta de derechos de transmisión en China e India, dos mercados que juntos representan cerca de 3.000 millones de habitantes. El problema no es menor. El organismo que dirige Gianni Infantino ha convertido la Copa del Mundo en una gigantesca maquinaria comercial, pero esta vez dos potencias asiáticas parecen haberle puesto límites a sus exigencias económicas.

Las cifras revelan la magnitud del conflicto. En China, la FIFA habría solicitado entre 250 y 300 millones de dólares por los derechos televisivos, mientras que CCTV, la única cadena autorizada por el gobierno chino para negociar este tipo de contratos, apenas habría ofrecido alrededor de 80 millones. En India ocurre algo similar: la FIFA buscaba aproximadamente 100 millones de dólares por los derechos de los Mundiales 2026 y 2030, pero la oferta de JioStar sería de solo 20 millones.

La pregunta es inevitable: ¿la FIFA sobrevaloró el producto o el Mundial 2026 empieza a mostrar señales de desgaste comercial? La respuesta probablemente está en ambos lados. Ni China ni India lograron clasificar al torneo, lo que reduce el interés emocional de sus audiencias. Además, los horarios juegan en contra: en ciudades como Pekín y Shanghái, el partido inaugural y la final se verán cerca de las 3 de la madrugada, mientras que en Nueva Delhi los encuentros más importantes comenzarán pasada la medianoche.

Pero también existe otro factor que la FIFA parece ignorar: más partidos no siempre significan más atractivo. El Mundial 2026 tendrá 104 encuentros, el torneo más largo y expandido de la historia. La FIFA insiste en vender esta expansión como democratización del fútbol, aunque en realidad también responde a una lógica de facturación: más selecciones, más sponsors, más derechos y más dinero. Sin embargo, muchos mercados empiezan a preguntarse si todos esos partidos realmente generan el valor que la FIFA pretende cobrar.

El riesgo es claro. Si no se llega a acuerdos razonables, millones de aficionados podrían recurrir a transmisiones ilegales. Paradójicamente, el exceso de ambición económica podría terminar debilitando el alcance global que la propia FIFA dice proteger.

La dificultad para vender derechos televisivos en China e India demuestra que incluso el Mundial tiene límites comerciales. No todo mercado aceptará pagar cifras infladas solo porque el torneo lleve el sello FIFA.

Reflexión final
Durante años, la FIFA creyó que el fútbol era un negocio de crecimiento infinito. Pero Asia le está recordando algo elemental: el valor de un espectáculo no se impone únicamente desde Zúrich. Cuando el negocio pesa más que el juego, hasta el Mundial más grande del planeta puede empezar a perder atractivo. (Foto: radioforeverdeportes.com).

Lo más nuevo

Artículos relacionados