Después del debate técnico, el deporte en el Perú no tiene futuro. No por falta de talento, no por ausencia de atletas, no porque el país carezca de condiciones naturales, sino porque quienes aspiran a gobernar siguen mirando el deporte como un tema menor, casi ornamental, útil para la foto, el aplauso fácil y la promesa de campaña. Lo visto en el debate fue una demostración preocupante de improvisación, desconocimiento y pobreza conceptual. Rosangella Barbarán, por Fuerza Popular, y Ernesto Zunini, por Juntos por el Perú, desaprovecharon una oportunidad histórica para plantear una verdadera reforma deportiva nacional. En lugar de ideas de fondo, hubo frases sueltas, lugares comunes, indirectas políticas y propuestas que no alcanzan ni para maquillar el colapso.
Lo más grave no fue solo la falta de propuestas sólidas, sino la evidencia de que ambos representantes desconocen la trascendencia e importancia del deporte para un país. El deporte no es recreación de domingo, no es ceremonia de premiación, no es una actividad simpática para llenar discursos juveniles. Es salud pública, educación, inclusión, industria, identidad nacional, integración social, prevención de violencia, turismo, empleo, ciencia aplicada y diplomacia internacional. Pero en el debate pareció que hablaban de un apéndice burocrático y no de un sector estratégico.
El sistema deportivo peruano está quebrado porque nació mal y envejeció peor. El modelo del IPD arrastra una lógica obsoleta, heredada de una copia mal adaptada del esquema español de los años setenta, vinculado a una visión centralista, fiscalizadora y administrativa del deporte. España cambió, modernizó y superó ese modelo hace décadas. El Perú, fiel a su vocación de museo del atraso, se quedó abrazado a la fotocopia vieja, amarillenta y burocrática. Por eso seguimos tratando el deporte como gasto recreativo y no como inversión nacional.
Decir que el IPD pasará a la Presidencia del Consejo de Ministros no es una reforma: es una mudanza administrativa. Es cambiarle de escritorio al problema. Sin una nueva Ley General del Deporte, sin un nuevo Sistema Deportivo Nacional al 2050, sin profesionalización, sin tecnología, sin ciencia, sin financiamiento moderno y sin rendición de cuentas real, el caos seguirá intacto. El IPD no necesita solo otro jefe ni otra oficina; necesita una reingeniería completa.
También debe decirse sin miedo: los Juegos Panamericanos Lima 2027 no garantizan desarrollo deportivo. Sin planificación, pueden terminar siendo otro evento usado para réditos políticos. Lima 2019 dejó infraestructura, sí, pero no transformó estructuralmente el deporte peruano. El llamado “legado” también representa altos costos de mantenimiento y una carga para el Estado cuando no existe un modelo sostenible de gestión. Los recientes Juegos Bolivarianos mostraron nuevamente desorden, improvisación y falta de visión. Pero de eso casi nadie habla, porque es más cómodo cortar cintas que construir sistemas.
La solución exige dejar de improvisar. El Perú necesita un Plan Nacional del Deporte al 2050, con visión, misión, objetivos medibles, presupuesto, descentralización y profesionales reales. Se requiere la educación física, detectar talentos desde los colegios, crear una liga universitaria potente, formar entrenadores, financiar atletas mediante incentivos tributarios, modernizar federaciones, digitalizar padrones, transparentar elecciones y construir centros de alto rendimiento según las fortalezas regionales: altura para resistencia, costa para deportes acuáticos y Amazonía para fuerza y combate.
El debate confirmó que la política peruana no entiende el deporte. Lo reduce a promesa, lo usa como decoración y lo abandona cuando exige gestión seria. Fuerza Popular y Juntos por el Perú tuvieron la oportunidad de mostrar visión de Estado, pero ofrecieron superficialidad. Y cuando el diagnóstico es tan pobre, el tratamiento solo puede ser peligroso.
Reflexión final
El Perú no necesita más discursos deportivos escritos al apuro. Necesita una refundación. Mientras el deporte siga en manos de improvisados, burócratas y políticos que no comprenden su valor estratégico, seguiremos celebrando medallas aisladas como milagros nacionales. El talento existe; lo que no existe es un sistema digno de ese talento. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).
