Mover el IPD a la PCM: otra propuesta cosmética sin razón

Mover el Instituto Peruano del Deporte a la Presidencia del Consejo de Ministros puede sonar a gran reforma. Suena técnico, urgente e incluso moderno. Pero sin una nueva Ley del Deporte, sin fiscalización real, sin incentivos para la inversión privada, sin digitalización, sin meritocracia y sin un Plan Nacional del Deporte al 2050, será simplemente otra operación cosmética. Una mudanza administrativa vendida como transformación estructural para un sistema que hace años funciona entre improvisación, burocracia y abandono.

El deporte peruano no está en crisis únicamente porque el IPD dependa del Ministerio de Educación. Está en crisis porque el país nunca entendió el deporte como una verdadera política de Estado. Se le sigue tratando como actividad complementaria, ceremonia de premiación o discurso juvenil de campaña. Los atletas aparecen cuando ganan medallas; cuando necesitan apoyo, desaparecen entre expedientes, trámites, silencios y oficinas que responden tarde o simplemente no responden.

La desatinada propuesta de trasladar el IPD a la PCM, impulsada por Rosangella Barbarán de Fuerza Popular, evidencia precisamente ese problema: hablar de deporte sin conocer realmente el deporte. La congresista plantea una mudanza administrativa como si eso bastara para corregir décadas de colapso institucional. Y el problema no es solo la propuesta, sino la preocupante impresión de que detrás tampoco existe un equipo técnico serio que comprenda cómo funcionan los sistemas deportivos modernos. Cambiar el IPD de oficina sin tocar el modelo de gestión es como mover una ambulancia de estacionamiento creyendo que eso salvará al paciente.

El problema de fondo es mucho más profundo. El Perú necesita una nueva Ley General del Deporte que fomente inversión privada, establezca transparencia obligatoria y fiscalice de verdad a las federaciones. Necesita digitalizar procesos, profesionalizar la gestión y romper con la cultura del favor político, la improvisación y la cuota partidaria. El deporte moderno no se administra solo con dirigentes de ocasión y ceremonias protocolares; se construye con ciencia, tecnología, medicina deportiva, análisis de datos, planificación, infraestructura y profesionales capacitados.

También existe un tema que el centralismo deportivo sigue ignorando: la descentralización y la inclusión. Mientras Lima concentra infraestructura, presupuesto y decisiones, miles de talentos en regiones entrenan en condiciones precarias o abandonan sus carreras por falta de oportunidades. El país necesita construir centros de alto rendimiento descentralizados según las fortalezas geográficas de cada zona. El talento peruano no nace únicamente en la capital; nace en colegios, barrios, comunidades y provincias que el sistema sigue tratando como periferia deportiva.

Y aquí aparece otra gran mentira política: creer que organizar Juegos Panamericanos o Bolivarianos automáticamente significa desarrollo deportivo. Sin planificación y sostenibilidad, esos eventos pueden terminar siendo más gasto político que inversión real. Lima 2019 dejó infraestructura importante, sí, pero no transformó estructuralmente el deporte nacional. Los Juegos Bolivarianos también han mostrado que organizar competencias no basta cuando falta sistema, continuidad y gestión profesional. Cortar cintas, inaugurar sedes y posar para la foto no reemplaza construir una política deportiva sostenible.

Lo que se necesita no es otro cambio de dependencia, sino una refundación. Un sistema que detecte talentos desde la escuela, articule clubes, universidades y federaciones, financie atletas con criterios técnicos, mida resultados, castigue la mala gestión y premie la excelencia. Un país serio no espera que sus deportistas triunfen por sacrificio familiar, rifas, colectas o favores. Un país serio convierte el deporte en salud pública, inclusión social, industria, identidad nacional y diplomacia.

Mover el IPD a la PCM solo tendría sentido si forma parte de una reforma integral. De lo contrario, será la misma burocracia con otro membrete, los mismos problemas con nueva oficina y el mismo abandono maquillado como cambio.

Reflexión final
El Perú no necesita más discursos deportivos escritos al apuro ni reformas superficiales diseñadas para el titular fácil. Necesita una refundación deportiva nacional. Porque cambiar al IPD de lugar sin cambiar reglas, gestión, presupuesto y visión no es reforma: es otra forma elegante de no hacer nada. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).

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