Por El Capibara, periodista silvestre, libre y sin dueño. Entrevista ficticia desde la eternidad sobre los méritos necesarios para construir un expediente infernal
Después de décadas observando la política peruana, me surgió una duda existencial. No sobre el cielo. No sobre el infierno. Sino sobre los méritos. Concretamente, sobre los méritos que debe acumular un político peruano para ganarse un escaño en el lugar más oscuro de la eternidad.
Para despejar la duda, decidí entrevistar a Lucifer. Lo encontré revisando expedientes tan gruesos como presupuestos públicos. Cada carpeta llevaba títulos conocidos por cualquier ciudadano peruano: corrupción, impunidad, blindajes, desgobiernos, hospitales colapsados, colegios abandonados, niños con anemia, extorsiones, minería ilegal, narcotráfico y promesas incumplidas.
Cuando le expliqué el motivo de mi visita, sonrió. No parecía sorprendido. Parecía preparado. Y así comenzó la conversación.
EL CAPIBARA: Lucifer, vayamos directamente al tema. ¿Qué tiene que hacer un político peruano para ganarse un escaño en el infierno?
LUCIFER: Lo primero que debe hacer es convencer a millones de personas de que representa la esperanza y luego dedicarse a destruirla con eficiencia administrativa. Nada suma más méritos que pedir confianza para resolver problemas y utilizar el poder para administrarlos eternamente sin solucionarlos jamás.
EL CAPIBARA: ¿La corrupción basta para conseguir ese escaño?
LUCIFER: No. La corrupción es apenas el curso introductorio. El verdadero aspirante debe ir mucho más lejos. Debe acostumbrarse a mirar el sufrimiento ajeno sin sentir incomodidad. Debe ver cómo se deterioran las instituciones, cómo desaparece la confianza ciudadana y cómo crece la indignación social, mientras continúa hablando de estabilidad, gobernabilidad y logros históricos.
EL CAPIBARA: ¿Qué puntaje otorga abandonar la salud pública?
LUCIFER: Puntaje máximo. Un político que puede dormir tranquilo mientras hospitales colapsan, pacientes esperan meses por atención y familias enteras hacen colectas para salvar una vida demuestra un compromiso extraordinario con su expediente. Los discursos no curan enfermedades. Las conferencias de prensa tampoco. Pero algunos parecen convencidos de que sí.
EL CAPIBARA: ¿Y qué puntaje reciben los niños con anemia?
LUCIFER: Ese mérito tiene categoría especial. Porque no estamos hablando de estadísticas. Estamos hablando de niños. De futuro. De oportunidades destruidas antes de comenzar. Mientras miles de menores enfrentan anemia y desnutrición, muchos dirigentes siguen concentrados en disputas de poder, alianzas electorales y repartos burocráticos. Esa combinación suele impresionar mucho a los evaluadores del infierno.
EL CAPIBARA: ¿La educación suma puntos?
LUCIFER: Muchísimos. Sobre todo cuando el político convierte la educación en la prioridad favorita de sus discursos y en la víctima favorita de sus presupuestos. Hay una elegancia particularmente perversa en hablar del futuro mientras se abandona a quienes deberían construirlo.
EL CAPIBARA: ¿Qué tiene que hacer respecto a la inseguridad?
LUCIFER: Debe reaccionar siempre tarde. Debe esperar a que las extorsiones se vuelvan cotidianas. Debe esperar a que los secuestros generen miedo colectivo. Debe esperar a que los asesinatos aparezcan diariamente en los noticieros. Y cuando todo esté fuera de control, debe anunciar un plan urgente que jamás debió ser urgente porque debió existir años antes.
EL CAPIBARA: ¿Las bandas criminales ayudan a conseguir un escaño?
LUCIFER: Indirectamente, sí. Porque el político aspirante debe permitir que crezcan. Debe observar cómo capturan territorios, economías y comunidades mientras continúa asegurando que la situación está bajo control. La distancia entre la realidad y el discurso es una de las principales fuentes de méritos infernales.
EL CAPIBARA: ¿Qué papel juega la minería ilegal?
LUCIFER: Fundamental. Para obtener una excelente calificación, debe observar durante años cómo se destruyen bosques, se contaminan ríos y se fortalecen economías ilegales, respondiendo siempre con reuniones, diagnósticos y anuncios. Lo importante es producir la sensación de movimiento sin producir resultados.
EL CAPIBARA: ¿Y el narcotráfico?
LUCIFER: El narcotráfico es un excelente examen de competencia política. El aspirante ideal debe actuar sorprendido por un fenómeno que lleva décadas creciendo. Debe descubrir cada año los mismos problemas y anunciar cada año las mismas soluciones. La repetición sin resultados es muy valorada.
EL CAPIBARA: ¿Los blindajes políticos tienen valor adicional?
LUCIFER: Por supuesto. Porque demuestran que la prioridad ya no es servir al ciudadano, sino proteger al círculo de poder. Cuando la solidaridad funciona mejor entre políticos que entre gobernantes y gobernados, el expediente avanza con velocidad notable.
EL CAPIBARA: ¿Las reelecciones de quienes no resolvieron nada generan méritos?
LUCIFER: Generan admiración profesional. Hay personas capaces de transformar cada fracaso en experiencia, cada error en aprendizaje y cada desastre en una nueva candidatura. Es una habilidad extraordinaria que desafía las leyes básicas de la lógica.
EL CAPIBARA: ¿Cuál es el requisito definitivo para ganarse ese escaño?
LUCIFER: Perder la vergüenza. Porque cuando un político deja de sentir vergüenza frente a la corrupción, frente a los niños con anemia, frente a la inseguridad, frente a los hospitales abandonados, frente a la educación deteriorada y frente al crecimiento del crimen organizado, ya no necesita acumular más méritos. El expediente prácticamente se completa solo.
EL CAPIBARA: Entonces, ¿qué tiene que hacer un político peruano para ganarse un escaño en el infierno?
LUCIFER: Tiene que recibir la confianza de millones de personas y utilizarla para empeorar aquello que prometió mejorar. Tiene que abandonar donde prometió proteger. Tenía que callar donde debía actuar. Tiene que justificar dónde debía corregir. Tiene que convertir el poder en refugio personal y el sufrimiento ciudadano en estadística. Después de eso, el resto del trámite es casi automático.
Al terminar la entrevista, Lucifer cerró el reglamento y me dijo que los malos políticos suelen cometer un error fundamental. Creen que serán recordados por sus discursos.Pero terminan siendo recordados por las consecuencias de sus decisiones. Y las consecuencias tienen una memoria mucho más larga que cualquier campaña electoral.
Reflexión final
Quizá el verdadero problema del Perú no sea solo la corrupción, la inseguridad o el abandono de la salud y la educación, sino haber normalizado el fracaso político como si fuera parte del paisaje.
El ciudadano trabaja, paga impuestos, emprende y sobrevive al miedo, mientras muchos malos políticos administran excusas, blindajes y promesas vencidas.
El Perú sigue de pie no gracias a ellos, sino a pesar de ellos.
Y tal vez el peor castigo para un mal político no sea el fuego eterno, sino vivir para siempre en el país que ayudó a deteriorar.
Soy El Capibara, periodista silvestre, libre y sin dueño. Y después de entrevistar a Lucifer comprendí algo inquietante: algunos políticos pasan toda su vida buscando un escaño. (Foto ilustración: lacajanegra.blog)
