Alerta: Lluvias ponen en riesgo a más de 9,3 millones de peruanos

Más de 9,3 millones de peruanos se encuentran expuestos a un nivel de riesgo muy alto por inundaciones, huaicos y deslizamientos asociados al Fenómeno El Niño. La cifra no es una exageración periodística ni una alarma sin sustento: proviene del escenario actualizado del Cenepred, elaborado para orientar acciones de prevención y preparación en las zonas más vulnerables. El dato debería sacudir al país. Pero en el Perú, lamentablemente, las alertas suelen hacer menos ruido que los discursos posteriores al desastre.

El estudio identifica 209 distritos de 22 departamentos con riesgo muy alto por inundaciones. Allí viven casi 8 millones de personas, existen más de 2,3 millones de viviendas, miles de establecimientos de salud, instituciones educativas, carreteras y más de 1,3 millones de hectáreas agrícolas expuestas. Dicho de manera simple: no estamos hablando solo de lluvias. Estamos hablando de hogares, hospitales, colegios, caminos, cultivos, empleo y comida.

Lima aparece como el departamento con mayor población expuesta a inundaciones, con más de 2,2 millones de personas. Le siguen Piura, La Libertad, Lambayeque e Ica. La capital, que muchas veces mira los desastres como si ocurrieran lejos, vuelve a descubrir que también es vulnerable. La informalidad urbana, el crecimiento desordenado, las viviendas levantadas en zonas de riesgo y la precariedad de los servicios forman una combinación peligrosa. No hace falta que la naturaleza sea extrema para que la negligencia haga su trabajo.

El Cenepred también advierte que 185 distritos de 16 departamentos enfrentan riesgo muy alto por movimientos en masa, como deslizamientos y huaicos. En estas zonas están expuestas más de 1,3 millones de personas, además de viviendas, colegios, establecimientos de salud, vías y superficies agrícolas. Piura, Huánuco, Lima, La Libertad y Áncash figuran entre los departamentos con mayor población expuesta. La amenaza no está en el horizonte: ya está ubicada, medida y advertida.

Por eso resulta inaceptable que el país vuelva a actuar como si El Niño fuera una sorpresa. Los antecedentes de 1982-1983, 1997-1998, 2017 y 2023 deberían haber dejado una lección imborrable. Pero la memoria pública parece tener fecha de vencimiento. Se repiten diagnósticos, se anuncian emergencias, se prometen obras y luego el calendario avanza más rápido que la gestión.

El Fenómeno El Niño no puede ser enfrentado con improvisación, expedientes dormidos ni autoridades esperando la primera tragedia para recién aparecer. Se necesitan limpieza de cauces, defensas ribereñas, rutas de evacuación, mantenimiento de vías, protección de colegios y centros de salud, y una coordinación real entre gobierno nacional, regiones y municipios.

Reflexión final
Cuando más de 9 millones de peruanos están en riesgo, prevenir deja de ser una recomendación y se convierte en una obligación moral. Si el Estado ya sabe dónde puede golpear el desastre y aun así llega tarde, entonces el problema no será solo la lluvia. Será la indiferencia convertida en política pública. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).

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