UEFA pide la renuncia de Infantino y sacude el poder de la FIFA

Gianni Infantino atraviesa el momento más delicado de su presidencia. El fracaso de FIFA Forward Enterprise, proyecto que pretendía vender cerca del 20 % de una nueva filial comercial valorada en unos 20.000 millones de dólares, no terminó con el retiro de la propuesta. La controversia dejó una crisis de confianza, abrió cuestionamientos sobre la forma de gobernar la FIFA y llevó a dirigentes vinculados con la UEFA a considerar que el presidente debe dejar el cargo.

Archivar el proyecto no borra el procedimiento. Cuando una iniciativa de semejante magnitud se presenta con escasa transparencia, plazos reducidos y sin consenso suficiente, el problema ya no es únicamente comercial: es institucional.

Infantino quiso justificar la operación como una vía para aumentar los recursos de las 211 asociaciones afiliadas. Sin embargo, nunca quedaron suficientemente respondidas preguntas esenciales: ¿qué beneficios recibirían los inversionistas?, ¿qué influencia podrían ejercer sobre calendarios, sedes, entradas y derechos audiovisuales?, ¿por qué recurrir a capital privado cuando la FIFA dispone de una posición financiera privilegiada?

La presión de UEFA, Concacaf, Asia y voces internas obligó al presidente a retroceder. La propuesta fue retirada porque había generado divisiones que amenazaban la gobernanza del fútbol mundial. En otras palabras, el proyecto no cayó por una revisión voluntaria, sino porque la resistencia hizo evidente que no existían los votos ni la legitimidad necesaria.

La crisis también alcanza políticamente a Alejandro Domínguez. El presidente de Conmebol es vicepresidente de la FIFA, mantuvo una posición cautelosa frente al proyecto y ha respaldado iniciativas expansivas como un Mundial de 64 selecciones distribuido en tres continentes. No puede presentarse ahora como un observador ajeno a la gestión de Infantino.

Si la crisis deriva en una renovación del liderazgo de la FIFA, Sudamérica también deberá revisar sus propias estructuras. Las federaciones de la región no pueden depender de cercanías personales, cargos internacionales o respaldos políticos para evitar controles. Cualquier dirigente sometido a investigaciones debe responder ante las instancias correspondientes, respetando la presunción de inocencia, pero sin refugiarse en protecciones institucionales.

Infantino puede conservar todavía apoyos en África, Asia y América, pero ha perdido algo fundamental: la apariencia de unanimidad. Su proyecto fue derrotado y su autoridad quedó seriamente debilitada.

Reflexión final
La FIFA necesita alternancia, contrapesos y decisiones transparentes, no presidentes rodeados de obediencia. Retirar una mala propuesta es obligatorio; asumir responsabilidad por haberla impulsado es otra cosa. Si Infantino ya no puede recuperar la confianza, su salida debe discutirse sin temor. Y si Domínguez compartió el rumbo político, también tendrá que explicar hasta dónde llega su responsabilidad. El fútbol no recuperará credibilidad cambiando un comunicado: necesita cambiar la manera en que se ejerce el poder. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).

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