Colegio Médico alerta por designación de Luis Dyer en Salud

La designación de Luis Dyer como ministro de Salud ha provocado una advertencia que el Gobierno no debería tratar como una incomodidad pasajera. El decano del Colegio Médico del Perú, Pedro Riega López, expresó “serias preocupaciones” debido a que el perfil públicamente conocido del nuevo titular no evidencia experiencia previa en salud ni en la conducción del sector.

No se trata de cuestionar a una persona por su actividad empresarial ni por su pasado político. Se trata de exigir una explicación elemental: ¿qué méritos técnicos y profesionales justifican que dirija uno de los ministerios más delicados del Estado?

Riega López recordó que la salud pública no admite una larga curva de aprendizaje. Y esa observación resulta difícil de rebatir. Cada decisión del Ministerio de Salud puede repercutir en hospitales, medicamentos, campañas de prevención, atención de emergencias y políticas que afectan directamente la vida de millones de ciudadanos.

El Perú no dispone del lujo de experimentar. El sistema arrastra deficiencias en infraestructura, falta de especialistas, demoras en la atención, desigualdad territorial y una burocracia que con frecuencia llega después del paciente. En ese escenario, colocar al frente del sector a una autoridad sin experiencia sanitaria conocida obliga al Ejecutivo a demostrar que la designación responde a criterios profesionales y no a cercanías partidarias.

El antecedente público de Dyer como empresario y exjefe de personeros de Fuerza Popular incrementa las dudas porque la presidenta Keiko Fujimori anunció un gobierno basado en la meritocracia. Si ese principio pretende ser algo más que una expresión ceremonial, el nombramiento debe sostenerse con credenciales verificables, un equipo técnico competente y una hoja de ruta precisa.

El decano del Colegio Médico también cuestionó que el mensaje presidencial no desarrollara una propuesta integral para reformar el sistema de salud. Hubo compromisos generales, pero faltaron definiciones sobre atención primaria, abastecimiento de medicamentos, infraestructura, recursos humanos, financiamiento y coordinación entre los distintos niveles de gobierno.

La preocupación, por tanto, no se limita al ministro. También alcanza a la ausencia de un plan expuesto. Un funcionario sin experiencia sectorial conocida y sin una estrategia pública detallada constituye una combinación que merece vigilancia, no complacencia.

El Gobierno tiene la obligación de explicar por qué eligió a Luis Dyer, qué capacidades respaldan su nombramiento y quiénes integrarán el equipo técnico que lo acompañará. Además, conviene que el Gobierno presente objetivos, plazos, presupuesto e indicadores para evaluar su gestión.

Reflexión final
La salud pública no puede administrarse como un espacio de aprendizaje político ni como una extensión de la confianza partidaria. Cuando la experiencia no está acreditada, la transparencia debe ser absoluta. Porque en el Ministerio de Salud los errores no se miden únicamente en encuestas o titulares: pueden terminar reflejándose en diagnósticos tardíos, tratamientos interrumpidos y ciudadanos abandonados por el Estado. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).

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