El príncipe de Jordania denuncia chantaje de Gianni Infantino

La crisis de Gianni Infantino dejó de ser únicamente política y comenzó a rozar un terreno mucho más grave: el posible uso del dinero de la FIFA como instrumento de presión. El príncipe Ali bin Al Hussein, presidente de la Federación de Jordania y antiguo rival de Infantino, denunció que su selección todavía no recibió los 4,2 millones de dólares correspondientes al subcampeonato de la Copa Árabe 2025.

La demora ya retrata una administración incapaz de cumplir con sus obligaciones. Pero la acusación de Ali añade un componente inadmisible: durante el Mundial le habrían sugerido que respaldar a Infantino “ayudaría mucho” a su federación. Si esa versión se confirma, no estaríamos ante una simple deuda, sino ante una forma de disciplinamiento económico.

Jordania obtuvo el premio en la cancha. No pidió una ayuda, una subvención ni un favor presidencial. El dinero corresponde a un resultado deportivo y debió ser pagado oportunamente. Retenerlo mientras se insinúa que un apoyo político podría facilitar las cosas convierte una obligación institucional en una moneda de negociación.

El príncipe Ali calificó la situación como “chantaje” y afirmó que su federación se niega a ceder. La FIFA fue requerida para responder, pero el silencio tampoco resulta neutral cuando la acusación compromete directamente la transparencia de su liderazgo.

La contradicción es ofensiva. La organización presume de reservas multimillonarias, anuncia ingresos récord y distribuye discursos sobre desarrollo, pero Jordania sigue esperando un premio de 4,2 millones de dólares ganado meses atrás. Al mismo tiempo, el frustrado proyecto FIFA Forward Enterprise prometía 20 millones a cada asociación que respaldara la propuesta antes del plazo establecido.

La secuencia exige una investigación independiente: un premio pendiente, una oferta extraordinaria y una insinuación sobre la conveniencia de apoyar a Infantino. Nada de esto prueba automáticamente un delito, pero sí dibuja un sistema donde el dinero parece llegar con mayor rapidez cuando viene acompañado de obediencia.

La FIFA no puede comportarse como si sus recursos pertenecieran al presidente de turno. Los fondos del fútbol no son premios a la lealtad ni castigos contra la disidencia. Usarlos de ese modo convertiría los programas de desarrollo en cajas de subordinación política.

La FIFA debe pagar inmediatamente lo adeudado, identificar a quien formuló la supuesta presión y publicar todas las comunicaciones mantenidas con la federación jordana. No bastan desmentidos genéricos ni silencios calculados.

Reflexión final
Cuando una federación debe elegir entre defender su independencia o cobrar lo que legítimamente ganó, la gobernanza ya está contaminada.

Infantino llegó prometiendo que el dinero de la FIFA pertenecía a las asociaciones. Jordania denuncia ahora que ese dinero podría utilizarse para comprar respaldos. Si la acusación es cierta, no estamos ante una demora administrativa: estamos ante una presidencia que habría confundido desarrollo con obediencia y recursos institucionales con poder personal. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).

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