Terremotos: el Sol aporta pistas, pero predecirlos aún es imposible

Una investigación de la Universidad de Tsukuba, en Japón, abre una hipótesis tan interesante como delicada: determinadas variaciones asociadas a la actividad solar podrían influir en condiciones de la corteza terrestre relacionadas con algunos terremotos. El estudio plantea que incorporar variables como radiación solar y temperatura superficial podría mejorar los modelos sísmicos.

La noticia merece atención científica, pero no titulares que vendan certezas inexistentes. La humanidad todavía no puede predecir con exactitud cuándo, dónde y con qué magnitud ocurrirá un terremoto. Confundir una correlación potencial con una capacidad predictiva comprobada sería transformar investigación en falsa seguridad.

Según el estudio citado, los ciclos de actividad solar producirían variaciones térmicas superficiales de aproximadamente 0,1 a 0,2 grados Celsius. Aunque parecen mínimas, podrían modificar ciertas propiedades mecánicas de las rocas y alterar la distribución del agua subterránea, introduciendo cambios de presión en zonas tectónicamente activas.

Los investigadores encontraron una mayor correlación en terremotos superficiales, aquellos producidos a menos de 70 kilómetros de profundidad, y analizaron también los ciclos de manchas solares, que se desarrollan aproximadamente cada 11 años.

El aporte científico consiste precisamente en ampliar la mirada. La sismología tradicional estudia principalmente procesos internos de la Tierra; incorporar factores externos podría permitir identificar patrones adicionales. Pero una cosa es mejorar un modelo estadístico y otra muy distinta disponer de una alarma capaz de anunciar el próximo gran terremoto.

Ese matiz debería importar especialmente en países sísmicos como el Perú. Cada supuesto avance en “predicción” despierta comprensibles expectativas, pero también puede alimentar la peligrosa fantasía de que algún día bastará mirar una computadora para saber cuándo evacuar. Mientras esa capacidad no exista, la verdadera protección continúa dependiendo de aquello que los gobiernos suelen postergar: construcción antisísmica, fiscalización urbana, hospitales preparados, rutas de evacuación, educación ciudadana y planes de emergencia que funcionen fuera del papel.

La relación entre actividad solar y sismicidad representa una línea de investigación prometedora, no una fórmula para anticipar terremotos. Debe estudiarse, contrastarse y perfeccionarse antes de atribuirle capacidades que la ciencia todavía no ha demostrado.

Reflexión final
Buscar nuevas señales para comprender los sismos es progreso. Esperar que esas señales sustituyan la prevención sería irresponsabilidad. El Sol podrá aportar nuevas pistas sobre la Tierra; lo que ninguna investigación podrá corregir es la negligencia de una ciudad que conoce su riesgo sísmico y continúa construyendo, gobernando y preparándose como si el próximo terremoto necesitara enviar una invitación. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).

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