VAR peruano: tecnología precaria que también deforma la justicia

El partido entre Sport Huancayo y Sport Boys volvió a exhibir una deficiencia que el fútbol peruano parece empeñado en normalizar. Una jugada polémica, un posible gol rosado y un VAR incapaz de ofrecer una imagen suficientemente clara para determinar qué ocurrió. El periodista Eddie Fleischman cuestionó la calidad de las tomas disponibles y desde La Caja Negra coincidimos con el fondo de su crítica: resulta difícil hablar de justicia tecnológica cuando la propia tecnología no entrega imágenes capaces de esclarecer una acción decisiva.

El VAR fue incorporado para reducir errores manifiestos, no para agregar una nueva capa de incertidumbre. Sin embargo, cuando las cámaras ofrecen planos abiertos, poca cercanía, ángulos insuficientes o imágenes que no permiten establecer con claridad si el balón cruzó completamente la línea, el árbitro de video queda prácticamente condenado a trabajar con material deficiente. No se puede exigir precisión quirúrgica utilizando herramientas que, en determinadas jugadas, parecen insuficientes para la tarea.

Y aquí conviene separar responsabilidades. El árbitro puede equivocarse y el VAR puede revisar, pero ninguna persona puede fabricar una imagen que simplemente no existe. Por eso, antes de convertir nuevamente al juez en único culpable, corresponde preguntarse por la infraestructura tecnológica que sostiene el sistema: cantidad y ubicación de cámaras, resolución, velocidades de captura, comunicaciones, protocolos, capacitación y estándares mínimos exigidos para cada estadio.

La contradicción resulta difícil de defender. El fútbol peruano cobra entradas, vende derechos audiovisuales, comercializa patrocinios y presenta la Liga 1 como un producto profesional. Entonces también debe ofrecer tecnología profesional. No puede existir un campeonato que pretenda modernidad comercial mientras algunas decisiones fundamentales dependen de imágenes que no permiten resolver aquello para lo cual precisamente existe el VAR.

El problema, además, es reputacional. Cada jugada sin una toma concluyente alimenta sospechas, enfrentamientos y acusaciones. Eso no demuestra que exista manipulación alguna, pero sí revela una precariedad peligrosa: cuando la tecnología no esclarece, la desconfianza ocupa inmediatamente su lugar.

La Liga 1 necesita una auditoría técnica seria del sistema VAR: estándares internacionales de cámaras, mejores ángulos, calidad uniforme en todos los estadios, capacitación permanente y mecanismos públicos de evaluación. No basta colocar las siglas VAR en una cabina para afirmar que existe tecnología de primer nivel.

Reflexión final
El fútbol peruano pretende discutir centímetros con imágenes que algunas veces ni siquiera permiten verlos.

Un VAR que no puede mostrar con claridad una jugada decisiva deja de ser parte de la solución y termina convirtiéndose en otro problema del campeonato. Porque la justicia deportiva también necesita tecnología innovadora. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).

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