Presidente del Real Madrid ganó arbitraje al Perú por $315 millones

Mientras en el Perú seguimos atrapados en el tráfico eterno de promesas incumplidas, allá en Europa, Florentino Pérez —sí, el presidente del Real Madrid— celebra con una copa en la mano. ¿Motivo? Acaba de ganarle al Estado peruano un arbitraje internacional por US$315 millones gracias a ese monumento al caos llamado Metro de Lima. ¿Y nosotros?. Bien, gracias. Perdimos el juicio, perdimos la plata y, como siempre, nadie pierde el puesto.

La historia parece de ciencia ficción, pero no: es la realidad peruana. En 2017, la empresa ACS, presidida por el todopoderoso Florentino, denunció al Perú ante el CIADI porque el Estado incumplió el contrato de la Línea 2 del Metro de Lima. ¿La razón? No entregamos terrenos, no aprobamos estudios, no cumplimos el cronograma. Nada. Y ahora, por decreto de arbitraje internacional, le debemos al jefe del Real Madrid una cifra que bien podría servir para construir hospitales, colegios o al menos tapar algunos huecos —no solo en las pistas, sino en la gestión pública.

Florentino no solo gana Champions. Gana juicios. Mientras en La Moncloa los españoles lo ven como un genio empresarial, en Palacio de Gobierno deberían verlo como un auditor despiadado que nos acaba de pasar la factura por años de incompetencia. Y esa factura la vamos a pagar todos.

¿Dónde estaban los ministros de Transportes?. ¿Qué hacían los gobiernos de turno mientras el contrato se desmoronaba?. ¿Cómo es posible que este escándalo se haya cocinado durante tres gobiernos distintos sin que nadie se responsabilice?. Kuczynski, Vizcarra, Castillo, Boluarte… todos aportaron su cuota al desastre, y el resultado es una obra inconclusa, una ciudad colapsada y un Estado condenado a pagar por su ineptitud.

Y por si fuera poco, el laudo arbitral permite a Florentino embargar bienes, cuentas bancarias y activos estatales. Es decir, si algún día el Metro de Lima llega a funcionar, lo hará gracias a la generosidad del Real Madrid. ¿A eso le llamamos soberanía?.

Perú acaba de perder uno de los arbitrajes más costosos de su historia y ni siquiera hay una conferencia de prensa para explicarlo. Porque en este país se pierde como se gobierna: en silencio, con desidia y sin plan. Nos llenamos la boca hablando de megaproyectos, pero no sabemos firmar un contrato ni cumplir un cronograma. Y cuando el castillo de naipes se cae, miramos para otro lado.

Aquí no gana el que planifica, gana el que demanda. No avanza el que ejecuta, avanza el que factura. Y el Estado peruano, ese gigante desorganizado, lento y miope, vuelve a ser humillado por alguien que sí sabe jugar —no fútbol, sino arbitraje internacional.

Reflexión final
Esta derrota no solo se mide en millones de dólares, se mide en millones de peruanos que siguen esperando un tren que nunca llega, mientras los que firmaron el desastre siguen dando discursos o viajando a “capacitaciones”. La Línea 2 es el espejo del país: una obra enterrada, costosa, sin destino ni conductor. Florentino nos metió el gol del siglo. Lo grave no es que lo metiera. Lo grave es que ni el arquero apareció a defender.

Edwin Gamboa, fundador de la Caja Negra

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