En un país atrapado por la extorsión, la minería ilegal, la corrupción desbordada, la inseguridad descontrolada y el colapso de servicios básicos como salud y educación, el Ejecutivo ha decidido centrar el debate nacional en una propuesta que ni resuelve ni mitiga ninguno de estos problemas: la posible salida del Perú de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Es una iniciativa que, lejos de ser un acto soberano, revela la desesperación de un gobierno sin norte, sin liderazgo y sin plan de gobierno. Una propuesta política que emula a los regímenes autoritarios de la región, y que amenaza con debilitar aún más la frágil democracia peruana.
La presidenta Dina Boluarte, la misma que ostenta el récord de impopularidad más alto del planeta y cuya gestión se caracteriza por la ausencia de reformas estructurales, ha planteado, a través de su Cancillería, la creación de una comisión para “evaluar” el retiro del Perú del Sistema Interamericano de Protección de los Derechos Humanos. El mismo sistema que ha sido, históricamente, la última línea de defensa para miles de víctimas frente a un Estado indiferente o cómplice.
No se trata de una ocurrencia aislada. Como recordó el magistrado del Tribunal Constitucional, César Ochoa, esta idea fue planteada en la dictadura de Alberto Fujimori y replicada por Venezuela en tiempos de Hugo Chávez. Es decir, solo los regímenes autoritarios han intentado desmarcarse de los mecanismos internacionales de protección de derechos. ¿Ese es el camino que quiere seguir el Perú?.
La narrativa que intenta sostener el gobierno es que la Corte IDH representa una amenaza para la soberanía nacional. Pero en realidad, lo que incomoda es el control externo, la supervisión, el escrutinio. Porque en un país donde el Ministerio Público investiga violaciones a los derechos humanos en manifestaciones, donde hay denuncias de ejecuciones extrajudiciales, detenciones arbitrarias y violencia estatal, el retiro de la Corte IDH solo puede interpretarse como un intento de blindaje político y judicial. No es soberanía: es evasión.
Además, no puede pasarse por alto el contexto en el que se lanza esta propuesta. En lugar de presentar soluciones al avance del crimen organizado, a la precariedad del sistema de salud, al déficit educativo o al crecimiento de la minería ilegal, el Ejecutivo recurre a una vieja táctica: crear un enemigo externo para distraer de los fracasos internos. No se gobierna: se sobrevive. Y para ello, se necesita polarizar, crispar, desviar la atención pública.
Un eventual retiro del Perú de la Corte IDH tendría consecuencias profundas. Debilitaría el sistema de protección de derechos en el país, afectaría su imagen internacional, y enviaría una señal nefasta a las víctimas de violaciones: que están solas. Sería un retroceso institucional de proporciones históricas, y alinearía al Perú con regímenes que hoy se encuentran aislados y desprestigiados en la comunidad internacional.
No se trata solo de una cuestión simbólica. Los fallos de la Corte han sido fundamentales para corregir abusos graves: el caso Baruch Ivcher, las ejecuciones extrajudiciales de La Cantuta y Barrios Altos, las esterilizaciones forzadas. Sin este sistema, muchas de esas víctimas no habrían obtenido justicia ni reparación. Salirse de la Corte sería cerrarles esa última puerta.
Reflexión final
El gobierno de Dina Boluarte no tiene plan de desarrollo, ni liderazgo ético, ni estrategia de seguridad, ni rumbo económico claro. El país está en piloto automático y asediado por el crimen. Pretender que el debate nacional se centre ahora en la salida de la Corte IDH es, en el mejor de los casos, una distracción oportunista. En el peor, es una maniobra autoritaria que debe ser rechazada con firmeza por todos los sectores democráticos del país. No es tiempo de aislar al Perú. Es tiempo de reconstruirlo. Y para ello se necesita más institucionalidad, no menos. Más justicia, no menos vigilancia. Más Estado de derecho, no más impunidad. La salida de la Corte no resolverá ningún problema nacional, pero sí puede agravar todos.
Edwin Gamboa, fundador de la Caja Negra
