La generosidad de Kylian Mbappé y su madre Fayza merecen aplausos

En un mundo donde el fútbol parece girar cada vez más alrededor de cifras astronómicas, lujos excesivos y egos sobredimensionados, es casi un milagro encontrar a alguien que entienda que la verdadera grandeza no se mide en goles, sino en gestos. Y aquí es donde entra Kylian Mbappé. Un crack dentro del campo de juego… y, como ha quedado claro, también fuera de él. Su madre, Fayza Lamari, es la prueba viviente de que la generosidad y el compromiso se heredan, y que la verdadera victoria está en transformar vidas, no solo en levantar trofeos.

La historia que hoy nos regala Ancón no nace de promesas políticas ni de planes estatales. Nace de un corazón que late fuerte por causas reales. Fayza Lamari, madre y pilar en la vida de Kylian, llegó al distrito con un equipo de más de 20 voluntarios internacionales para supervisar un proyecto que cambiará el futuro de más de cientos de niños: la construcción de un colegio y un campo de fútbol donde antes solo había tierra y carencia.

Pero no se trata únicamente de ladrillos y césped. Este esfuerzo incluye fortalecer las ollas comunes, abrir espacios recreativos y dar a la comunidad algo que el dinero no siempre compra: esperanza. Una esperanza que no llega envuelta en discursos para la prensa, sino en acciones concretas que hablan más que cualquier titular.

Lo que hace especial a esta historia es que Kylian Mbappé —campeón del mundo, ídolo global y estrella del Real Madrid— no se limita a dar la cara en las canchas más glamorosas del planeta. Desde Inspired by KM, su fundación, impulsa proyectos que entienden que el deporte y la educación son motores de transformación social. No es casualidad: detrás de ese impulso está Fayza, una madre que sabe que el éxito sin compromiso es una victoria vacía.

En contraste, aquí en el Perú, seguimos viendo cómo nuestras figuras deportivas se diluyen entre contratos publicitarios y fotos promocionales, mientras sus barrios de origen siguen esperando una mano que nunca llega. La diferencia es brutal: mientras algunos prefieren sumar seguidores en redes, otros —como Kylian y Fayza— suman futuros posibles para quienes no tienen nada.

Este no es un proyecto pasajero. Es un mensaje profundo: que la gloria más grande no se alcanza al levantar una copa, sino al levantar a otros. Fayza y Kylian nos recuerdan que el fútbol puede ser mucho más que un espectáculo: puede ser una herramienta para cambiar realidades y devolverle dignidad a comunidades olvidadas.

Reflexión final
Gracias, Kylian, por enseñarnos que el verdadero crack es el que, además de marcar goles, marca vidas. Gracias, Fayza, por demostrar que la generosidad no necesita pasaporte, que el amor al prójimo no entiende de fronteras y que una madre puede ser la mejor entrenadora en la cancha de la vida.

Ojalá hubiera más Kylian en el mundo del fútbol. Ojalá hubiera más Fayza dispuestas a cruzar océanos para sembrar oportunidades. Y ojalá, algún día, no tengamos que esperar a que vengan desde fuera para recordarnos que, en el Perú, también podemos soñar… y construir esos sueños.

Edwin Gamboa, fundador de la Caja Negra

Lo más nuevo

Artículos relacionados