Vizcarra preso: Perú, campeón mundial de presidentes presos

En el álbum de récords más bochornosos del planeta, el Perú ya ocupa la portada: presidentes que acaban en prisión, investigados por corrupción, fugados, exiliados o, en casos extremos, muerto antes de que los atrapen. Martín Vizcarra, el autoproclamado paladín de la moral que cerró el Congreso “por el bien del país”, acaba de sumar su foto al muro penitenciario. Cinco meses de prisión preventiva, acusado de recibir millones en coimas cuando era gobernador de Moquegua. Y, como si fuera un libreto reciclado, todo ocurre mientras tenemos a la presidenta más impopular del mundo —Dina Boluarte y su 3%— jugando al silencio selectivo, promulgando leyes polémicas y evitando mirar el verdadero desastre nacional.

La audiencia lo dejó claro: Vizcarra no solo enfrenta acusaciones graves, sino que intentó disfrazar arraigos laborales con contratos familiares, movidas empresariales bajo la sombra de su esposa e hijos y papeles que, para el juez, no resisten un mínimo análisis. Jorge Chávez Tamariz, magistrado del caso, lo dijo sin rodeos: no hay arraigo, no hay sustento y sí hay riesgo de fuga. La Fiscalía le apunta 15 años de prisión, y con ese panorama, la idea de que se quede “colaborando con la justicia” es un chiste cruel.

El caso es un espejo roto donde todos los exmandatarios recientes se reflejan. Toledo, Humala, Fujimori, Castillo, ahora Vizcarra… la lista parece escrita por un guionista que odia al Perú. Y mientras el país bate récords de vergüenza, la clase política sigue intacta, produciendo más candidatos al club de Barbadillo que leyes para combatir la pobreza, la desnutrición infantil o la crisis hospitalaria.

Boluarte, lejos de capitalizar este momento para hacer una limpieza real del Estado, lo usa como cortina de humo perfecta. Entre la amnistía a policías y militares —ignorando advertencias internacionales— y la falta absoluta de políticas sociales urgentes, su gobierno se limita a administrar la indignación ciudadana como si fuera un recurso renovable.

El arresto de Vizcarra es, al mismo tiempo, un acto de justicia y un nuevo capítulo de un ciclo podrido que no se rompe. Aquí no hay sorpresa: hay patrón. El problema no es solo que los presidentes caigan presos, sino que el sistema produce líderes diseñados para caer. El circo sigue, el público se indigna, los políticos se reciclan y la corrupción se hereda como si fuera un derecho adquirido.

Reflexión final
El Perú no necesita más récords vergonzosos; necesita un acto de rebeldía ciudadana que impida que el próximo presidente sea un futuro reo. Pero para eso hay que dejar de votar por el menos malo, porque en este país, el “menos malo” ya es garantía de desastre. Vizcarra cae, Boluarte sigue con su 3% y el país… el país sigue gobernado por una élite que, tarde o temprano, acabará tras las mismas rejas.

Edwin Gamboa, fundador de la Caja Negra

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