Primo de Dina Boluarte evaluó el ascenso diplomático de su hijo

En el Perú ya nada sorprende, pero todo indigna. La última noticia confirma que en Palacio de Gobierno los límites éticos se evaporaron: el hijo de Dina Boluarte fue ascendido en la Cancillería y, casualmente, en el comité que evaluó su promoción estaba… el primo de la presidenta. Todo perfectamente legal, todo perfectamente inmoral. Así funciona el país: mientras la población sobrevive entre extorsiones, hospitales colapsados y colegios en ruinas, el poder se dedica a blindar privilegios familiares.

El caso es simple: David Eduardo Gómez Boluarte, hijo mayor de la presidenta, ascendió de tercer a segundo secretario en la representación del Perú ante la ONU en Nueva York. Percibirá un salario mayor a los 6 mil soles, más beneficios y bonificaciones. La resolución fue publicada el 8 de agosto y firmada por el canciller Elmer Schialer. ¿Quién lo evaluó? Entre otros, Luis Alberto Campana Boluarte, primo de la presidenta. El apellido pesa más que la meritocracia.

La información, revelada por Latina Noticias, confirma lo evidente: la red familiar de la mandataria también opera dentro de la Cancillería【Latina Noticias, 2025】. Y es que este no es un hecho aislado, sino parte de un patrón. Dina Boluarte se subió el sueldo, intentó cobrar cientos de miles de soles de la Reniec, fue vinculada a relojes de lujo y operaciones estéticas, compra aviones de guerra innecesarios y camionetas de alta gama para generales, mientras el país se hunde en el desgobierno. La lista de prioridades es clara: primero ella, luego su entorno, y al final —cuando queda tiempo y presupuesto—, la nación.

El contraste es brutal. Mientras las familias peruanas sufren con hospitales sin medicinas, escuelas sin techos, alimentos cada vez más caros y calles dominadas por bandas criminales, la presidenta usa el poder como si fuera una caja registradora familiar. El blindaje del Congreso es la cereza del pastel: un Parlamento que se tapa los ojos frente a los escándalos, porque saben que mañana necesitarán el mismo favor.

Y así, mientras el país está en piloto automático, gobernado de facto por las mafias que extorsionan, asesinan y cobran cupos en cada región, en Lima se celebra el ascenso diplomático del hijo presidencial. Meritocracia made in Perú: estudias, sí, pero con apellido correcto asciendes más rápido que un cohete espacial.

El mensaje que transmite este gobierno es devastador: la ética no es requisito, la justicia no es prioridad y la transparencia es opcional. Lo que importa es el apellido y el blindaje político. Dina Boluarte no gobierna un país; administra un patrimonio personal y familiar con el respaldo cómplice de un Congreso que solo piensa en su supervivencia hasta el 2026.

Reflexión final
La ironía es cruel: mientras el Perú entero está bajo el control de bandas criminales, la presidenta parece más preocupada en consolidar el “negocio familiar”. La violencia, el hambre y la miseria avanzan, pero el poder se hereda como si fuera una empresa privada. El verdadero drama es que el Estado se ha convertido en un feudo de intereses personales. Y si el nepotismo tiene pasaporte diplomático, la corrupción ya tiene carta de ciudadanía.

Edwin Gamboa, fundador de la Caja Negra

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