El Perú es un país de récords curiosos. Tenemos la papa más grande, la montaña más colorida y ahora… la presidenta más rechazada del planeta. Según la última encuesta de Datum Internacional publicada por El Comercio (agosto de 2025), Dina Boluarte alcanza un 96% de desaprobación nacional, su punto más alto desde que llegó al poder. No hablamos de baja popularidad, hablamos de un rechazo casi unánime: tres de cada cien peruanos le dicen “sí”, y el resto le grita “váyase”. En regiones como el centro y el sur, su aprobación bordea la estadística forense: 1% y 2% respectivamente. A este ritmo, al terminar de escribir esta columna, ya podría estar en 0%, ese glorioso número redondo que ningún mandatario había logrado.
La encuesta es un espejo cruel de lo que ocurre en las calles: el país está tomado por bandas criminales, la minería ilegal avanza sin freno y las extorsiones son la moneda del día. Frente a ello, el Ejecutivo no tiene plan, ni estrategia, ni liderazgo. Lo único que le queda es la cuenta regresiva hasta el 28 de julio de 2026, fecha en que expira, por calendario y no por mérito, el gobierno más impopular de nuestra historia reciente.
Para un 82% de los peruanos, el último mensaje presidencial fue negativo (El Comercio). No inspiró, no unió, no marcó rumbo. El 37% lo consideró “intrascendente”, el 23% “incompleto” y el 22% simplemente “demasiado largo”. En resumen: un discurso de palabras huecas, incapaz de conectar con la ciudadanía, como quien en medio de un incendio lee el manual de instrucciones de un microondas.
La presidenta, según el analista político Pedro Tenorio, parece vivir “una telenovela distinta al drama que atraviesan millones de peruanos” (El Comercio). Mientras tanto, su primer ministro, Eduardo Arana, acumula un 80% de desaprobación. Y el Congreso, siempre dispuesto a competir en impopularidad, sigue sin decepcionar: el 66% de la población rechaza la elección de José Jerí como titular de ese poder del Estado. En otras palabras, Palacio y Parlamento se han convertido en un concurso de quién logra el mayor descrédito.
El contraste lo marca Rafael López Aliaga, alcalde de Lima, cuya aprobación subió seis puntos hasta alcanzar el 48%. No porque haya revolucionado la ciudad, sino porque frente a la nada absoluta del Ejecutivo, cualquier gesto mínimo de gestión luce como una obra de ingeniería. En política, todo es relativo: mientras Boluarte bate récords de rechazo, otros sobreviven con solo demostrar que respiran.
Los analistas son claros. Enrique Castillo señala que el discurso presidencial y el viaje a Japón consolidaron la imagen de frivolidad y desconexión: un gobierno más preocupado por el beneficio personal que por la gobernabilidad. Urpi Torrado, CEO de Datum, advierte que el último año de Boluarte será “un período sin brillo”, con una desaprobación que pasó de 94% a 96% y una ciudadanía que ni siquiera se entera del mensaje presidencial (El Comercio). No es apatía, es desconexión total.
La impopularidad de Boluarte no es una coyuntura: es un récord Guinness. Ningún otro jefe de Estado en el mundo puede presumir semejante hazaña. Y no se trata solo de cifras, sino de una fractura absoluta entre gobernantes y gobernados. En el Perú de hoy, no hay liderazgo, no hay plan, no hay confianza. Lo único que queda en pie es la certeza de que este gobierno pasará a la historia no por sus logros, sino por el rechazo masivo que despertó.
Reflexión final
Dina Boluarte puede ostentar con orgullo un título que nadie le arrebatará: ser la presidenta más impopular del planeta. Un récord que resume, en una cifra, la bancarrota de la política peruana. Porque lo más alarmante no es su 96% de desaprobación, sino que aún así se aferra al cargo, acompañada por un Congreso igual de ilegítimo, hasta el 28 de julio de 2026. El problema ya no es si Dina terminará su mandato; el verdadero dilema es si el país resistirá tanto desgobierno sin colapsar antes. El reloj avanza, la paciencia se agota y la indignación crece. La encuesta es clara: la presidenta se quedó sola, sin pueblo y sin futuro.
Fuente: Encuesta Datum Internacional para El Comercio, agosto de 2025.
Edwin Gamboa, fundador de la Caja Negra
