Porky : “Fujimori y Acuña están gobernando el país a la diabla”

En el Perú, cuando no gobierna la democracia, gobierna la improvisación. Y cuando no gobierna la improvisación, gobierna la cofradía. Eso denunció el alcalde de Lima, Rafael López Aliaga, al lanzar un ultimátum contra Dina Boluarte y su Ejecutivo. Según él, detrás del timón no está la presidenta, sino un dúo conocido: Fujimori y Acuña, quienes, “a la diabla”, manejan los hilos de un país que ya se encontraba en piloto automático. Y mientras el crimen organizado avanza a paso galopante con sicarios, secuestros y cobro de cupos, los servicios básicos —salud, educación, agricultura, seguridad— se hunden en el abandono. Todo esto mientras la mandataria, sin plan de gobierno ni voluntad política, queda atrapada entre aliados que la devoran y enemigos que la exponen.

El reclamo del burgomaestre limeño no se quedó en palabras al aire. Durante un acto en San Juan de Lurigancho, acusó a Boluarte de bloquear sus proyectos por motivaciones políticas. El más sonado: el tren Lima–Chosica, iniciativa que asegura haber destrabado con gestiones propias, pero que el Ministerio de Transportes insiste en congelar. López Aliaga apuntó contra César Sandoval, ministro del sector, a quien describió como subordinado de intereses partidarios, recordando que “si fuera Acuña, gastarían 24 millones en un segundo”. La “cofradía”, según el alcalde, no solo frena proyectos de transporte, sino que condena a la capital y al país entero a un desgobierno perpetuo.

Pero más allá del tren, la denuncia revela algo más profundo: un Estado capturado por pactos y repartijas. Boluarte, sin respaldo político real, parece reducida a figura decorativa de un tablero donde otros juegan las fichas. Fujimori desde la sombra y Acuña desde su maquinaria partidaria habrían convertido al Ejecutivo en una sucursal de intereses privados. Mientras tanto, los temas urgentes —la inseguridad que desangra barrios enteros, la crisis educativa que condena a millones de niños, el hambre en zonas rurales— siguen esperando turno, como vagones olvidados en una estación sin vías.

El discurso de López Aliaga no es desinteresado. Sabe que la lucha frontal contra la presidenta le reditúa políticamente. No es casualidad que supere a Keiko Fujimori en algunos sondeos y que busque marcar agenda con propuestas como el tren y el endurecimiento de la seguridad. Pero aun con motivaciones electorales, su denuncia no deja de destapar una verdad incómoda: el país no lo gobierna Boluarte, el país se gobierna solo, o peor aún, lo gobiernan otros.

El ultimátum de López Aliaga pone sobre la mesa un secreto a voces: el Perú se encuentra al mando de un Ejecutivo debilitado, carente de plan, atrapado en pactos políticos y absolutamente incapaz de enfrentar el crimen organizado y la crisis social. Que el alcalde capitalino, con sus propios cuestionamientos, denuncie la existencia de una “cofradía” que maneja el país refleja lo bajo que ha caído la legitimidad del gobierno. En lugar de liderazgo, lo que tenemos es un reparto de cuotas de poder donde nadie responde por los resultados.

Reflexión final
La fotografía es clara: Dina Boluarte no conduce, solo sobrevive; Rafael López Aliaga no gobierna Lima, ya está en campaña; y Fujimori y Acuña se disputan los botones de mando de un avión sin piloto. Mientras tanto, abajo, en tierra firme, los peruanos padecen la inseguridad, la pobreza y la falta de futuro. El país sigue en piloto automático, pero cuidado: cuando un avión vuela sin dirección y con pasajeros desesperados, lo más probable es que no aterrice, sino que se estrelle.

Edwin Gamboa, fundador de la Caja Negra

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