Pasaje al Mundial: reservado para ganadores, no para rezadores

Las Eliminatorias Sudamericanas para el Mundial 2026 llegan a sus últimas dos fechas con un paisaje digno de telenovela: unos ya clasificados con tranquilidad, otros aferrados al repechaje como si fuera tabla de salvación, y varios en el sótano rezando a santos que no juegan al fútbol. En la fecha 17 y 18, entre el 4 y 9 de septiembre, se definirá quién viaja a Norteamérica con boleto en mano y quién se queda en casa explicando a su hinchada que “faltó poco”. Lo cierto es que el mapa es claro: hay países que trabajaron y planificaron, y hay otros que solo improvisaron y ahora esperan milagros.

Argentina ya selló pasaporte hace rato: líder con 35 puntos, con Messi jugando su último tramo y un recambio que no necesita calculadora. No hay dudas: está en otra liga. Ecuador, con todo y sanción de tres puntos, también clasificó con oficio y resiliencia: pocos goles a favor, pero la defensa más sólida. Brasil, a pesar de la irregularidad, está dentro; el talento individual sigue salvando un proceso colectivo que se quedó corto.

Detrás, la pelea real. Uruguay y Paraguay (24 puntos cada uno) llegan con margen, pero deben cerrar sin errores. Colombia (22) todavía respira, aunque dependerá de ganar a Bolivia y no resbalar en Caracas. Hasta ahí, la lógica de quienes hicieron la tarea a medias pero al menos sumaron lo suficiente.

La novela comienza en el séptimo puesto. Venezuela, con 18 puntos, tiene la esperanza de su vida: nunca estuvo tan cerca. Juega contra Argentina y Colombia, rivales incómodos, pero sueña con su primera Copa del Mundo. Bolivia (17) se aferra al repechaje con uñas y dientes: lo de La Paz le alcanzó para arañar puntos, pero su diferencia de goles (-16) refleja que cada salida fue un suplicio.

Y luego viene el sótano. Perú (12) y Chile (10), dos selecciones, se arrastran con números que ofenden a su propia tradición. La blanquiroja solo marcó 6 goles en 16 partidos: menos de medio gol por encuentro. Pretenden clasificar rezando, cuando no tuvieron ni plan, ni gol, ni renovación. Chile, con 10 puntos y 24 goles en contra, muestra que su “generación dorada” quedó oxidada y sin reemplazo. Ambos países no juegan fútbol: juegan con la calculadora en una mano y con la fe en la otra, esperando que otros se caigan para ellos treparse de casualidad.

La última fecha será un carrusel de emociones: Uruguay vs. Perú, Colombia vs. Bolivia y Paraguay vs. Ecuador decidirán puestos directos; Venezuela contra Colombia podría ser la definición de una era; y Bolivia recibirá a Brasil como examen final de resistencia. Perú y Chile, en cambio, solo cumplirán el calendario, tratando de justificar un fracaso anunciado con frases de manual: “el grupo dejó todo”, “la hinchada nunca se rindió” y “hay que seguir trabajando”.

El balance es brutal: Argentina, Ecuador y Brasil ya en el Mundial; Uruguay, Paraguay y Colombia con el destino en sus manos; Venezuela y Bolivia soñando con repechaje; Perú y Chile, fuera de carrera, pagando la factura de años sin proyecto. El fútbol no premia a los que rezan, premia a los que planifican. Y en Sudamérica, hay países que trabajan y otros que improvisan hasta el último minuto.

Reflexión final
Eliminatorias tras Eliminatorias, la historia se repite: unos se clasifican porque tienen estructura, y otros quedan eliminados porque nunca la construyeron. En Perú y Chile, la fe no reemplaza los goles, ni la calculadora reemplaza los proyectos. El Mundial 2026 recibirá a los mejores de Sudamérica, pero también dejará en evidencia a quienes creen que el fútbol se gana en los discursos y no en la cancha. Al final, el avión al Mundial no tiene asientos para rezadores de última hora: solo para los que supieron jugarlo de verdad.

Edwin Gamboa, fundador de la Caja Negra

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