Ochenta mil nuevos casos de cáncer proyectados para este año. Cientos de miles de pacientes esperando medicamentos que nunca llegan. Consultas aplazadas por meses. Familias que hipotecan su vida para pagar un seguro privado porque el sistema público es sinónimo de sentencia anticipada. Esa es la radiografía de la salud en el Perú del 2025. Y frente a esa emergencia, ¿qué hace el Gobierno? Comprar aviones de guerra, autos de lujo para generales, gastar en viajes y tirar millones en Petroperú. Dina Boluarte y su ministro de Salud, César Vásquez, parecen habitar un universo paralelo, donde la prioridad no es la vida de los ciudadanos sino la comodidad del poder.
La Ley Nacional del Cáncer prometía un acceso integral a tratamientos y medicamentos. Prometía que el drama del desabastecimiento quedaría atrás. Tres años después, los testimonios lo desmienten. Claudia Baca, paciente de cáncer de tiroides, lo resumió con crudeza: “El cáncer no espera, tu salud no espera”. Ella pudo pagar un seguro privado. La mayoría de peruanos no. Para ellos, la “falla en la cadena logística” que el Ministerio reconoce no es un tecnicismo: es la diferencia entre la vida y la muerte.
Las cifras son reveladoras. Solo 27 oncólogos pediatras para más de 1,800 niños con cáncer cada año. Hospitales que aún reportan desabastecimiento de fármacos esenciales. Procesos de compra enredados entre normas y proveedores. Y aunque se asignaron más de 400 millones de soles en presupuesto, apenas el 63 % se ejecutó a julio. En paralelo, el Gobierno proyecta 3,500 millones de dólares para cazas supersónicos. El sarcasmo es brutal: mientras un paciente espera meses para acceder a una quimioterapia, los ministros viajan en vuelos ejecutivos a negociar aeronaves de combate.
Los medicamentos innovadores, de inmunoterapia o biológicos, que representan la esperanza de miles, siguen atrapados en un sistema que no se adapta. Son caros, sí, pero su eficacia es incuestionable. Sin embargo, los mecanismos de compras diferenciadas siguen “en evaluación”. Es decir, la burocracia gana tiempo mientras el cáncer gana terreno.
No se trata de números, se trata de prioridades. ¿Qué mensaje da un Estado que gasta en audis para generales mientras madres esperan tratamientos para sobrevivir? ¿Qué se entiende por “seguridad nacional”: aviones que jamás usarán en combate o salvar la vida de los ciudadanos? La respuesta está clara: Boluarte gobierna para las Fuerzas Armadas, no para los enfermos.
El cáncer en el Perú no es solo una enfermedad: es el espejo de un Estado sin voluntad política. Las promesas de atención integral se convierten en letra muerta cuando la vida de los pacientes depende de proveedores irresponsables y de ministros que se excusan en trámites. Mientras tanto, los pacientes esperan, los familiares se endeudan, y las estadísticas engrosan la lista de fallecidos.
Reflexión final
El sarcasmo duele: el cáncer no espera, pero el Estado sí. La presidenta Boluarte pide blindar la patria con cazas de guerra, cuando ni siquiera puede blindar a sus ciudadanos frente a una enfermedad que avanza sin tregua. Los enfermos de cáncer no necesitan discursos ni visitas protocolares; necesitan medicinas, médicos y un sistema que funcione. Y lo que reciben es abandono. La verdadera batalla no se libra en el aire, sino en los hospitales. Y esa, lamentablemente, el Gobierno ya la perdió.
Edwin Gamboa, fundador de La Caja Negra
