Extorsionadores tienen bajo amenaza a 102 colegios en Perú

El Perú ha llegado al punto en que ni los colegios se salvan de la extorsión. Granada en la puerta, mensajes de muerte en los muros, llamadas anónimas exigiendo pagos. Padres de familia que temen por la vida de sus hijos y niños que ya no van a clases porque estudiar en su colegio equivale a entrar a un campo minado. Las asociaciones privadas hablan de 102 colegios extorsionados. Pero más allá del número, la realidad es clara: la delincuencia ha conquistado hasta las aulas. ¿Y el Gobierno? Sin plan de seguridad, sin estrategia de prevención y con la presidenta Dina Boluarte más preocupada por comprar aviones de guerra que por equipar a la Policía que debería defender a los ciudadanos.

Lo ocurrido en Lima Norte, San Juan de Lurigancho o el Rímac parece un guion de serie narco, pero es la vida cotidiana. En un colegio de SJL dejaron una granada junto a una exigencia de 18 mil soles iniciales y 2 mil mensuales para “proteger” a alumnos y profesores. En otro caso, un colegio fue baleado en pleno recreo. Cientos de estudiantes pasaron de las aulas presenciales a la educación virtual, no por la pandemia, sino por las mafias. El mensaje es claro: la escuela ya no es refugio de aprendizaje, es territorio de extorsión.

La reacción del Estado, como siempre, llega tarde y llega mal. El Ministerio del Interior promete más vigilancia, más capacitaciones virtuales y hasta una “guía antiextorsión”. Pero lo que no llega son chalecos antibala, patrulleros operativos y una estrategia real contra las bandas que hoy controlan calles, mercados, obras y, ahora, colegios. Mientras tanto, el Congreso sigue en modo blindaje, incapaz de aprobar reformas mínimas que fortalezcan a la Policía y al sistema judicial.

El contraste es indignante: no hay presupuesto para seguridad ciudadana, pero sí para audis de lujo para generales, sí para viajes ministeriales a Europa y sí para aviones de guerra que cuestan miles de millones de dólares. ¿Qué hace un caza supersónico frente a una granada en la puerta de un colegio? Nada. La guerra en el Perú no está en el aire, está en las calles y en los barrios, y la estamos perdiendo con cada niño que abandona su escuela por miedo.

Cuando la criminalidad amenaza a más de un centenar de colegios, ya no hablamos solo de inseguridad: hablamos de un país tomado por mafias que actúan con total impunidad. La educación, motor de cualquier sociedad, se convierte en rehén. Y mientras los padres rezan para que sus hijos regresen vivos, el Gobierno sobrevive contando los días hasta el 28 de julio del 2026, sin plan ni rumbo.

Reflexión final
El sarcasmo es inevitable: los delincuentes zonifican ciudades para cobrar cupos casa por casa, pero el Estado se consuela publicando manuales virtuales de “prevención”. El Perú es hoy un país en piloto automático, donde los ciudadanos están abandonados y donde hasta las escuelas —símbolo de futuro— se convierten en blanco de extorsión. La gran pregunta no es cuántos colegios están amenazados, sino cuántos más deberán cerrar antes de que el Gobierno decida gobernar.

Edwin Gamboa, fundador de la Caja Negra

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