EsSalud en huelga: hospitales en ruinas y un gobierno en piloto automático. La salud en el Perú vuelve a salir a las calles. A partir del 9 de septiembre, los médicos de EsSalud y diez gremios de trabajadores iniciarán una huelga indefinida que dejará sin atención a miles de pacientes en todo el país. La medida no surge de la nada: responde al hartazgo frente a la corrupción, el copamiento político y el colapso visible de los hospitales. Lo paradójico es que mientras los pasillos de emergencia se convierten en salas improvisadas y los pacientes esperan meses por una cita, el gobierno de Dina Boluarte y su ministro de Salud, César Vásquez, tienen otras prioridades: aviones de guerra, autos de lujo para generales, viajes presidenciales y dinero tirado en un Petroperú quebrado.
Los gremios lo dicen con claridad: EsSalud se ha convertido en botín político. El presidente ejecutivo, Segundo Acho Mego, es acusado de llenar cargos claves con allegados a Alianza para el Progreso. En su administración, los gerentes no necesariamente conocen de salud, pero sí de favores políticos. Y los resultados saltan a la vista: hospitales atendiendo en pasadizos, salas de partos improvisadas en patios, emergencias sin equipos básicos como termómetros y estetoscopios. La precariedad ha dejado de ser excepción para convertirse en la norma.
Mientras tanto, el personal médico soporta cargas imposibles. Un solo técnico o enfermero puede atender hasta a treinta pacientes en hospitales desbordados. La falta de especialistas obliga a derivar casos a Lima, donde el Rebagliati y el INEN ya no dan abasto. Y por si fuera poco, el equipo Ciclotrón, fundamental para diagnósticos de cáncer, lleva dos años paralizado. Eso sí, EsSalud paga a proveedores privados para suplir lo que debería producir internamente. No es falta de recursos, es mala gestión disfrazada de incapacidad.
A esto se suma la denuncia de corrupción que los gremios señalan como estructural: alquileres de locales a precios exorbitantes, convenios millonarios con privados, obras mal planificadas como la Torre Trecca que costará S/ 625 millones, y la amenaza de asociaciones público-privadas por más de S/ 4.000 millones. Según la Contraloría, EsSalud ostenta índices de inconducta funcional que superan el 80%. En otras palabras, se trata de una institución enferma de corrupción mientras los pacientes enferman sin atención.
Frente a esta crisis, la respuesta del gobierno ha sido el silencio. Dina Boluarte, blindada por el Congreso hasta el 2026, parece vivir en un país paralelo. En su realidad, la prioridad no es salvar la salud pública, sino sobrevivir políticamente. El Ejecutivo aplica la política del avestruz: entierra la cabeza mientras la salud colapsa. El país sigue en piloto automático, y la salud, como tantas otras áreas, es la pasajera que va en la bodega sin oxígeno.
La huelga en EsSalud no es solo un reclamo laboral, es el síntoma más visible de un Estado desbordado. Los médicos y trabajadores denuncian lo que los pacientes ya saben: hospitales en ruinas, corrupción generalizada, falta de personal y una administración que no responde. La salud pública se ha convertido en la mejor radiografía del país: frágil, abandonada y sostenida apenas por la vocación de sus profesionales.
Reflexión final
El gobierno podrá comprar aviones de combate y autos de lujo, pero esas adquisiciones no curan enfermedades ni salvan vidas. Podrá gastar en viajes al extranjero y rescatar empresas quebradas, pero nada de eso aliviará la angustia de miles de pacientes que esperan una cita o de familias que ven morir a sus seres queridos por falta de atención. Dina Boluarte y el Congreso sobreviven con respirador político hasta el 28 de julio de 2026, pero el país no tiene esa paciencia: está desangrándose en los pasillos de los hospitales. Y cuando la salud se convierte en rehén de la indiferencia, lo que está en huelga no es solo EsSalud: es la democracia misma.
Edwin Gamboa, fundador de la Caja Negra
