El Seguro Social de Salud (EsSalud), institución que debería garantizar atención médica y protección social a millones de peruanos, parece haber pasado de hospital de pacientes a hospital de partidos. Un reportaje de Punto Final reveló que militantes de Alianza Para el Progreso (APP) han sido colocados en puestos clave de la entidad con la venia del presidente ejecutivo, Segundo Acho Mego. La noticia confirma un patrón: las instituciones públicas no se gestionan según capacidades técnicas, sino como cuotas de poder de aliados políticos.
La lista de nombramientos no deja lugar a dudas. Iván Saldaña Estrada, exasesor de Richard Acuña en el Congreso, hoy es gerente del CAFAE; Erick Moncada Horna, con pasado parlamentario, ahora asesora directamente a Acho; William Alcántara Infantes, ligado a la Universidad César Vallejo y también exasesor de Acuña, fue designado como gerente de Planeamiento y Presupuesto. A ellos se suman Tania Rodas, exparlamentaria de APP, hoy responsable de la Gerencia Central de la Persona Adulta Mayor y con Discapacidad; Claudia Natali Holguín, afiliada a APP, gerente de la Red Asistencial La Libertad; y Edilberto Salazar Zender, militante de la misma agrupación, hoy en la Gerencia de Operaciones.
Lo preocupante no es solo el origen partidario, sino que algunos de estos funcionarios arrastran denuncias penales, como recordaron voceros sindicales. Jorge San Miguel, secretario del Sinatra, advirtió que varios de los nombrados tienen cuestionamientos judiciales, mientras que Santiago Vinces, del Sindicato Nacional Médico del Seguro Social (SINAMSSOP), denunció “procesos muy serios de corrupción” que comprometen la credibilidad de la institución.
El copamiento de EsSalud por APP no puede entenderse aislado de la política nacional. El ministro de Salud, César Vásquez, es militante de este mismo partido, lo que convierte las designaciones en algo más que una coincidencia: son parte de un engranaje en el que la salud se administra como botín político. Mientras tanto, la presidenta Dina Boluarte observa desde el margen, cada vez más ausente y sin un plan de gobierno que marque rumbo. Su supervivencia depende del blindaje del Congreso y de alianzas con grupos como APP.
El resultado es un Estado capturado, no por la meritocracia, sino por la repartija. EsSalud, que debería ser ejemplo de gestión en un sector crítico, queda reducido a agencia de colocación para cuadros partidarios. La salud de los ciudadanos se convierte en un detalle secundario frente a la prioridad de asegurar cuotas de poder.
El copamiento de EsSalud es un síntoma más de un Estado en piloto automático, donde el desgobierno no solo tolera la corrupción, sino que la institucionaliza a través de nombramientos partidarios. Las consecuencias no son abstractas: menos transparencia, menor eficiencia en la gestión y, en última instancia, peores servicios para los asegurados que financian la institución con sus aportes.
Reflexión final
Cuando la salud se politiza, los pacientes se convierten en rehenes. El escándalo en EsSalud demuestra que Dina Boluarte no gobierna, solo sobrevive; que APP no aporta soluciones, sino cuadros cuestionados; y que el Congreso permanece cómodo en su rol de socio silencioso. El país necesita un plan de salud pública real, no un listado de favores partidarios. Porque mientras la política siga ocupando las camas del hospital, los enfermos seguirán en la sala de espera.
Edwin Gamboa, fundador de la Caja Negra
