En Google Maps rebautizan al Congreso: ‘Palacio de las ratas’

Google Maps, esa brújula digital que nos orienta en el caos urbano, se ha convertido en el espejo más brutal de la política peruana. Durante unas horas, el Congreso de la República apareció en la aplicación rebautizado como el “Palacio de las ratas”. La ocurrencia no fue un error técnico ni un virus informático: fue un acto simbólico, una ironía colectiva que retrata lo que las encuestas ya confirman. Según el Instituto de Estudios Peruanos (IEP), el 93 % de los ciudadanos desaprueba al Parlamento, un rechazo que en el segmento de jóvenes de 25 a 39 años llega al 95 %. El mensaje es claro: el Legislativo ya no legisla, apenas sobrevive blindando a Dina Boluarte y generando escándalos.

El cambio de nombre en Google Maps no es una travesura digital sin importancia. Es el síntoma de un malestar social profundo. Cuando más de nueve de cada diez peruanos rechazan a su Congreso, el descrédito ha pasado de las calles a las plataformas tecnológicas, esas donde los ciudadanos encuentran un canal para expresar lo que en la política no tiene eco.

No se trata solo de percepción. El Congreso arrastra un historial de blindajes, negociados y leyes hechas a medida. En lugar de fiscalizar al Ejecutivo, se ha convertido en su socio estratégico: protege a la presidenta mientras negocia cuotas de poder. El resultado es un Parlamento que legisla de espaldas al país, alimentando la inseguridad, ignorando reformas urgentes y atrapado en su propio guion de supervivencia.

La ironía mayor es que mientras en redes sociales el Congreso se rebautiza como “Palacio de las ratas”, en la vida real el Parlamento insiste en presentarse con slogans optimistas como “Más cerca del Perú”. El contraste es grotesco: la ciudadanía los percibe más cerca de los intereses particulares que del bien común. Y mientras tanto, el descrédito se vuelve transversal: en Lima, en las regiones, en sectores urbanos y rurales, en clases altas y bajas, el rechazo supera el 90 %. La deslegitimación ya no es un problema coyuntural, es estructural.

Las reacciones también dividen. Algunos usuarios celebran la modificación como un acto de protesta legítima. Otros piden respeto a las instituciones. Pero aquí hay una verdad incómoda: el respeto se gana, no se exige por decreto ni por reglamento. Y cuando una institución alcanza un 93 % de desaprobación, el problema no es el humor ciudadano, sino la conducta parlamentaria.

El Congreso del Perú se ha convertido en una caricatura de sí mismo. Los ciudadanos lo rebautizan digitalmente porque ya no lo reconocen como espacio de representación. Y aunque se intente maquillar la crisis con campañas de imagen, lo cierto es que la confianza se derrumbó. El Legislativo no necesita que Google lo rebautice: ya lo ha hecho el pueblo con su desaprobación masiva.

Reflexión final
El Congreso es la segunda autoridad del Estado y debería ser la columna vertebral de la democracia. Hoy, en cambio, es percibido como una institución vacía, más preocupada en blindajes que en leyes, más enfocada en sobrevivir que en servir. El rebautizo en Google Maps es apenas un símbolo, pero detrás hay un grito ciudadano: ya no creemos en ustedes. El verdadero mapa político del país no se dibuja con coordenadas, sino con desconfianza. Y ese mapa, a diferencia del digital, no se puede corregir con un clic.

Edwin Gamboa, fundador de la Caja Negra

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