Indecopi advierte sobre posibles fallas en vehículos Honda

Indecopi ha vuelto a levantar la mano, tarde y con desgano, para advertir que ciertos modelos de vehículos Honda presentan fallas que podrían poner en riesgo la vida de los consumidores. El problema no es menor: hablamos de sistemas de frenos, bombas de combustible y hasta de iluminación. En cualquier país serio, esta alerta sería inmediata, rigurosa y preventiva. Pero en el Perú, Indecopi se comporta más como notario que como regulador: certifica el daño… o la muerte.

La advertencia llegó después de que miles de vehículos ya circulan por las calles. Y lo que debería ser un mecanismo de protección temprana se convierte en un trámite burocrático: un comunicado, un enlace web y la responsabilidad trasladada al consumidor. Como si fuera normal que quien compra un auto deba rezar para que el sistema de frenos no falle en plena carretera.

Este no es un caso aislado. Indecopi tiene un largo historial de alertas lanzadas a destiempo. Primero llegan los accidentes, luego las denuncias, y al final la entidad se pronuncia como si despertara de una siesta prolongada. Así ocurrió con medicamentos defectuosos, con juguetes tóxicos y ahora con autos que pueden convertirse en trampas mortales. La ironía es que el organismo se vanagloria de “proteger al consumidor”, cuando en realidad solo describe los riesgos después de que el peligro ya está en la pista.

El fondo del problema es la falta de un sistema de fiscalización ágil y contundente. ¿Por qué la entidad no actúa preventivamente, exigiendo estándares más altos antes de que los productos lleguen al mercado? ¿Por qué no se imponen sanciones ejemplares a las compañías que comercializan bienes defectuosos? El consumidor peruano paga impuestos, paga precios de mercado internacional, pero recibe servicios de control de tercera categoría.

El caso Honda es un espejo del Estado: lento, reactivo y cómodo en su rol de observador. Los consumidores no deberían depender de alertas tardías, sino de instituciones que hagan cumplir la ley antes de que la tragedia ocurra. Hoy la seguridad vial está en manos del azar, y lo que debería ser una garantía mínima se transforma en un privilegio.

Reflexión final
El sarcasmo se impone: en el Perú, uno puede comprar un auto último modelo, con crédito bancario y promesas de calidad, pero al final es el Estado el que se descarrila primero. Mientras tanto, Indecopi seguirá actuando como notario de los accidentes, sellando papeles después del choque. Porque aquí, cuando el freno falla, no solo peligra la vida del conductor: también queda expuesta la inercia de nuestras instituciones.

Edwin Gamboa, fundador de La Caja Negra

Lo más nuevo

Artículos relacionados