Narcotráfico opera en el aeropuerto Jorge Chávez con el apoyo policial

El Aeropuerto Internacional Jorge Chávez, presentado como la vitrina moderna del Perú ante el mundo, se ha convertido en el escenario de una tragicomedia nacional: la puerta de entrada para turistas… y de salida para la cocaína. Las recientes investigaciones de la Fiscalía, reveladas por Punto Final, exponen algo más que descuidos: suboficiales de la propia Policía, encargados de cuidar la seguridad del terminal aéreo, habrían colaborado con las mafias del narcotráfico. El aeropuerto, ya criticado por su deficiente construcción y constantes fallas, suma ahora un capítulo que lo acerca más a un “hangar nuevo del crimen” que a un terminal de prestigio internacional.

La historia comenzó con la detención de una joven que pretendía viajar a España con trece kilos de droga camuflados en casacas. De ahí se desencadenó una investigación que terminó destapando un mecanismo interno donde burriers recibían información privilegiada de policías en actividad. Como en cualquier película barata, un celular olvidado contenía los chats y fotos que vinculaban a un presunto capo con un suboficial del grupo de inteligencia Lleta. Sí, ese mismo grupo financiado con apoyo internacional para luchar contra el narcotráfico terminó infiltrado por aquello que debía combatir.

El caso más grotesco involucra al suboficial Harold Enciso Farfán, quien admitió haber tomado y enviado una foto de controles internos del aeropuerto a Eduardo Daniel Martínez Rivas, alias “Pablo Escobar” en WhatsApp. La excusa fue digna de comedia: “era para un informante”. Mientras tanto, la Fiscalía sostiene que se usaron celulares comprados en Las Malvinas y se manipularon pruebas. Nada mal para quienes supuestamente son guardianes de la seguridad nacional.

Otro agente, Iván Górgora Mamani, fue acusado de gestionar pasajes, acompañar a burriers y facilitar ingresos a zonas restringidas. En su caso, ya existe una condena en primera instancia. Y la lista no termina: un informe fiscal reveló que al menos 17 policías fueron condenados por narcotráfico en distintos niveles de participación. La conclusión es tan obvia como alarmante: las mafias no solo han penetrado el aeropuerto, sino que han colonizado partes enteras de la institución policial.

La imagen internacional del país se desmorona junto con la confianza interna. Mientras los turistas cargan sus mochilas con la ilusión de conocer Machu Picchu, otros cargan maletas con clorhidrato de cocaína rumbo a Europa. Y todo esto ocurre bajo las narices de un Estado que sigue sin un plan integral contra el crimen organizado.

Lo que ocurre en el Jorge Chávez no es un caso aislado, es un síntoma. El aeropuerto es una metáfora de un Estado capturado: con infraestructura deficiente, controles débiles y policías jugando para el equipo contrario. No sorprende que el crimen organizado actúe como en su propia pista de despegue.

Reflexión final
El sarcasmo es inevitable: construimos un “nuevo aeropuerto” que se cae a pedazos y ahora descubrimos que también funciona como autopista de salida para la droga, con peaje incluido para policías corruptos. Mientras tanto, el Gobierno se entretiene anunciando aviones de guerra y penales en islas, mientras la verdadera batalla —la del crimen organizado infiltrado hasta en los aeropuertos— se pierde a diario. El Jorge Chávez ya no es un orgullo nacional, es la vitrina de nuestro colapso institucional.

Edwin Gamboa, fundador de La Caja Negra

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