¿De qué sirve traer al entrenador más prestigioso del planeta?

En el Perú siempre creemos en atajos. Hoy el nuevo mito es que, con traer al “mejor” entrenador del mundo, el fútbol nacional se transformará mágicamente. Como si un técnico de élite fuera capaz de fabricar jugadores de calidad en un torneo local desordenado, en clubes quebrados y en selecciones menores que no compiten. La verdad es más incómoda: contratar al estratega más laureado sería apenas un paliativo, un parche en una herida que sangra hace décadas. El fútbol peruano atraviesa su peor momento en la historia y lo único que puede salvarlo no es un nombre en la banca, sino la construcción del Primer Plan Integral de Desarrollo del Fútbol Peruano 2050.

Nunca en la historia del fútbol peruano existió un plan en blanco y negro. Apenas proyectos aislados, de buena voluntad, pero sin visión, sin estructura, sin continuidad y sin profesionales de alto nivel detrás. Esa ausencia nos condenó a décadas de fracasos, repetidos como un guion que ya todos conocemos: selecciones que dependen de milagros, clubes que sobreviven con deudas y divisiones menores abandonadas a su suerte.

¿De qué sirve traer al entrenador más prestigioso si no tiene materia prima? Sería como contratar al mejor cirujano del planeta y entregarle un hospital sin quirófanos, sin anestesia y sin instrumentos. O como contratar al mejor estratega militar y darle un ejército sin soldados formados, disciplinados y preparados para la guerra. El resultado será el mismo: impotencia y frustración.

Las naciones, ligas y clubes que hoy son potencias lo lograron porque entendieron la fórmula básica del éxito: planificación estructurada, visión de futuro y hojas de ruta claras. Alemania, España, Francia o incluso Ecuador apostaron por sistemas de formación, inversión en infraestructura y objetivos medibles a largo plazo. No confiaron en milagros ni en discursos; confiaron en el trabajo.

En el Perú seguimos apostando por la improvisación. Nos venden que estos jugadores “madurarán para el 2030”, como si el resto del continente se detuviera en el tiempo y esperara nuestra evolución. Lo cierto es que los demás crecerán más rápido, porque ya tienen academias sólidas, ligas competitivas y procesos claros. Nosotros, en cambio, ofrecemos un torneo local precario y una federación sin brújula.

El verdadero problema no está en la banca, está en la estructura. Podría llegar Guardiola, Klopp o Ancelotti, y el resultado sería el mismo: chocar contra el vacío. Sin jugadores formados desde menores, sin una liga seria, sin un plan de infraestructura y sin profesionales que piensen en décadas, ningún entrenador puede hacer magia. Lo que se necesita es un proyecto nacional que por primera vez en la historia trace un horizonte real: el Plan Integral de Desarrollo del Fútbol Peruano 2050.

Reflexión final
El Perú ya tocó fondo y sigue cavando. No basta con discursos motivacionales ni con promesas de maduración que nunca llegan. Es hora de dejar de buscar soluciones inmediatas y de asumir el reto histórico: escribir el primer plan serio de nuestra historia futbolística. Un plan que no dependa de improvisados ni de favores políticos, sino de profesionales en gestión deportiva y especialistas internacionales.

El país que respira fútbol en cada barrio y en cada calle merece más que consuelos. Merece un futuro construido con ciencia, disciplina y planificación. Porque sin un plan integral, ningún entrenador —por más brillante que sea— podrá cambiar nuestro destino. Y la verdad, aunque duela, es sencilla: sin proyecto, no hay milagro.

Edwin Gamboa, fundador de La Caja Negra

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