Sin plan, no hay milagro: ni Guardiola salvaría al Perú

El fútbol peruano vive en el autoengaño. Nos vendieron que con traer al “mejor entrenador del mundo” se revertirá el desastre. Que basta con un nombre rimbombante en la banca para maquillar la peor Eliminatoria de nuestra historia. Como si Guardiola, Klopp o Ancelotti pudieran fabricar goles de la nada, inventar futbolistas de calidad o resucitar un campeonato local que no compite con nadie. El problema no es el banquillo: es que el Perú no tiene ni jugadores, ni estructura, ni proyecto.

Los números no mienten: doce puntos en dieciocho partidos, menos catorce en diferencia de goles, seis tantos anotados —todos en Lima— y cero goles de visitante en toda la Eliminatoria. Tres entrenadores desfilaron y el resultado fue idéntico: fracaso. El epílogo fue perder en casa ante Paraguay, la primera vez en la historia. ¿De verdad alguien cree que un entrenador de élite puede revertir décadas de improvisación con estos cimientos?

Contratar al “mejor” técnico sería como traer al mejor cirujano del planeta y entregarle un hospital sin quirófanos ni anestesia. Como enviar al general más brillante a comandar un ejército sin soldados. Se puede gritar, ordenar y motivar, pero sin materia prima no hay milagro. Y la verdad incómoda es que el Perú no tiene hoy materia prima.

La farsa del “estos jugadores madurarán para el 2030” es un insulto. No, no madurarán: se estancarán en la Liga 1, un campeonato pobre y desorganizado, mientras las demás selecciones crecen en ligas competitivas, exportan talentos y consolidan academias. El mundo avanza; nosotros retrocedemos. Creer que los rivales se detendrán para esperarnos es ingenuidad pura.

Nunca hubo un plan en blanco y negro en el Perú. Lo máximo fueron improvisaciones con buena voluntad, jamás un proyecto serio con visión de largo plazo. El resultado está a la vista: 40 años de fracasos repetidos como un loop. Mientras tanto, países que entendieron la fórmula básica —planificación, inversión en menores, infraestructura y metas claras— hoy son potencias.

Alemania trazó un plan tras el fiasco de la Euro 2000 y levantó una Copa del Mundo en 2014. España reformó su modelo de formación y fue campeona en 2010. Francia construyó Clairefontaine y hoy exporta talento a raudales. Ecuador apostó por Independiente del Valle y sus juveniles son protagonistas en Sudamérica. ¿Y Perú? Apenas discute si el próximo técnico será extranjero o nacional, como si eso cambiara la tragedia estructural.

La Selección no necesita un entrenador para salvar el presente. Necesita un proyecto que construya el futuro. Sin jugadores formados desde menores, sin infraestructura en las regiones, sin una liga seria y sin profesionales que piensen en décadas, no hay posibilidad de competir. Podría llegar el mejor del planeta y terminaría hundido en el mismo pantano que los últimos tres entrenadores.

Reflexión final
El Perú ya tocó fondo, pero sigue cavando. Lo que se requiere es un acto de madurez histórica: redactar de una vez el Primer Plan Integral de Desarrollo del Fútbol Peruano 2050. Un plan hecho por profesionales nacionales e internacionales en gestión deportiva, no por improvisados de escritorio. Un plan que trace objetivos claros, medibles y con horizonte de futuro.

El país que respira fútbol en cada esquina merece algo más que parches y discursos motivacionales. Merece planificación, disciplina y visión de Estado. Porque la verdad es inapelable: sin proyecto, no hay milagro. Y seguir creyendo lo contrario es condenarnos a repetir la misma vergüenza cada cuatro años.

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