El nuevo informe de IDEA Internacional no trae sorpresas, sino un diagnóstico incómodo: la democracia global se tambalea y la libertad de prensa es la primera víctima. En el Perú, el retroceso democrático ya no es un rumor, es un hecho. En medio de escándalos, desgobierno y un Estado que ha renunciado a gobernar, el país figura en la lista negra de los que han decidido tratar a la prensa como enemigo y no como fiscalizador. Dina Boluarte, fiel a la tradición de los gobiernos autoritarios, ha hecho de la prensa crítica un obstáculo incómodo que hay que silenciar o desgastar.
El informe Estado Global de la Democracia 2025: La democracia en movimiento revela que la libertad de prensa se redujo en una cuarta parte de los 173 países analizados, el mayor descenso desde 1975. América Latina no escapa a esta tormenta: El Salvador, Nicaragua y Haití encabezan la lista de retrocesos, y el Perú aparece como un caso que preocupa por el deterioro sostenido de la representación, la credibilidad electoral y, sobre todo, el rol de los medios de comunicación.
El problema no es solo estadístico, es político. El gobierno de Dina Boluarte se mueve con el mismo libreto que otros regímenes sin rumbo: atacar a la prensa para tapar sus propios errores. Desde la represión de protestas hasta la opacidad en contrataciones y viajes, el mensaje es claro: incomoda menos un medio alineado que uno que investiga. La consecuencia es obvia: se degrada la democracia, se normaliza la censura y se manda una señal peligrosa de que la fiscalización es un lujo y no un derecho ciudadano.
Lo irónico es que mientras el informe recomienda fortalecer la participación, garantizar elecciones creíbles y mejorar la inclusión, en el Perú seguimos discutiendo blindajes congresales, reformas de papel y discursos oficiales que huelen a propaganda. El contraste es brutal: mientras países como Brasil, Chile o República Dominicana muestran avances en libertades civiles e independencia judicial, aquí seguimos jugando a negar la realidad, como si repetir “todo está en orden” pudiera ocultar el retroceso.
La democracia no se destruye de un día para otro, se erosiona lentamente: primero debilitando instituciones, luego controlando al Congreso, después intimidando a la prensa. El informe de IDEA Internacional es un espejo que muestra el rostro del Perú actual: un país donde la prensa libre es asfixiada y la ciudadanía es relegada al papel de espectadora de un teatro político mediocre.
Reflexión final
El sarcasmo es inevitable: mientras el mundo se alarma por la caída de la libertad de prensa, en Palacio parecen pensar que es un buen síntoma, una especie de “orden” disfrazado de silencio. Pero la democracia no muere en medio de grandes explosiones, muere en la tibieza de gobiernos que prefieren callar a la prensa antes que responder por sus errores. El Perú está en ese camino, y lo peor es que parece avanzar en piloto automático.
