Retiro AFP: Boluarte y el Congreso cambian de opinión por presión

El debate sobre el octavo retiro de AFP no es un debate: es un espectáculo barato donde Ejecutivo y Congreso compiten para ver quién se contradice más rápido. Lo que ayer era un “NO rotundo”, hoy es un “SÍ con responsabilidad”. ¿Y mañana? Tal vez un “QUIZÁS, depende de la calle”. En el Perú, la coherencia política dura menos que el saldo en una cuenta de AFP después de ocho retiros.

Veamos el guion de este circo. Dina Boluarte y su gabinete juraban que otro retiro era suicida para el sistema previsional. El ministro de Economía pontificaba en Europa sobre la inviabilidad de la medida, mientras el ministro de Trabajo advertía que sería dinamitar la seguridad social. El Congreso, en un arranque de prudencia rara, coincidía.

Pero bastó que las calles apretaran y que el humor ciudadano oliera a protesta, para que de pronto todo cambiara: Boluarte anunció su “opinión favorable” y los ministros alinearon su discurso como buenos soldados obedientes. El MEF pasó de hablar de “colapso” a pedir “responsabilidad individual” (traducción: que la culpa sea del ciudadano, no del gobierno). El Ministerio de Trabajo, que hablaba de tragedia, ahora predica el derecho soberano a disponer de los fondos. Y el Congreso, experto en acomodarse, encontró un nuevo enemigo: la reforma previsional del Ejecutivo. Todos dieron un giro de 180 grados, y lo único que se mantuvo firme fue su oportunismo.

El problema es que en este país se gobierna como se juega a la tómbola: a ver qué bolita sale. No hay estrategia, no hay reforma, no hay visión de futuro. Lo que sí hay es populismo a granel: se exprime el sistema previsional hasta dejarlo irrelevante, todo para calmar la coyuntura. Hoy se compra paz social con un retiro más; mañana, cuando los jubilados no tengan pensión, se comprará con discursos vacíos sobre “sacrificio y patria”.

El octavo retiro no es un triunfo ciudadano, es un retrato de la miseria política. El Ejecutivo y el Congreso no defendieron a los afiliados, solo defendieron su pellejo. El sistema previsional se convierte en un cadáver al que le siguen arrancando órganos, mientras los políticos se reparten las coronas de flores.

Reflexión final
La verdad es simple: las AFP ya no son un fondo de pensiones, son el cajero automático del desgobierno. Los políticos ya retiraron lo único que les quedaba: la vergüenza. Y los peruanos, en medio de este show, hemos aprendido la lección más cruel: en este país, el único retiro asegurado es el de la dignidad política.

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