El Congreso aprobó la creación de 22 universidades públicas ¿?

En menos de tres horas, el Congreso peruano aprobó la creación de 22 universidades públicas. Sí, 22. Ni un debate técnico, ni un análisis presupuestal serio, ni una planificación de largo plazo. Solo la premura de un Pleno que parece más obsesionado con las encuestas y con su eventual reelección que con el futuro de miles de jóvenes. Y así, en la peor tradición del populismo criollo, los parlamentarios reparten universidades como si fueran caramelos en campaña electoral, mientras la educación pública ya existente sobrevive con presupuestos miserables, infraestructura colapsada y docentes sin recursos.

El Ejecutivo había observado la autógrafa por falta de sustento técnico y financiero. Pero, como ocurre en este país del revés, lo que debería ser una alerta se convirtió en un incentivo para que el Pleno ratificara, por insistencia, la medida. Con 74 votos a favor, 5 en contra y 30 abstenciones, se dio luz verde a una iniciativa que, en palabras de exministros de Educación, es inviable, irresponsable y sobre todo electorera.

Los ejemplos sobran. En Puno se abrirán cuatro nuevas universidades; en Lambayeque, dos; en Junín, otras dos. La fiebre universitaria se extiende a Arequipa, Ica, Cusco, Apurímac, Huancavelica, San Martín y hasta Lima, donde se sumará una universidad del Ejército y otra en Huaycán. ¿El problema? No hay presupuesto. Según cálculos de especialistas, para abrir una sola universidad se requieren al menos 105 millones de soles, y si se llegara a 50 nuevas, el gasto inicial rondaría los 5 mil millones de soles, casi la cuarta parte del presupuesto de Educación 2025.

Pero los números parecen no importar cuando la prioridad es ganar aplausos locales. Legisladores como Wilson Quispe, Waldemar Cerrón o Guido Bellido justifican la medida con el argumento de “cerrar brechas educativas”. Lo que no dicen es que esas brechas no se cierran creando cascarones universitarios sin laboratorios, sin plana docente calificada y sin financiamiento sostenible. La ilusión de los jóvenes es utilizada como moneda electoral, mientras las 49 universidades públicas ya existentes suplican por más presupuesto para mejorar su calidad y acreditación.

Lo más indignante es que esta no es una decisión aislada. Desde julio de 2021 hasta septiembre de 2025, el Congreso ya había aprobado la creación de 20 universidades adicionales. Ahora, con estas 22, el total asciende a 42 nuevas casas de estudio en apenas cuatro años. ¿Resultado? Un mapa universitario fragmentado, inflado y condenado al fracaso. Lo que debería ser un sistema articulado para formar profesionales competitivos se convierte en un archipiélago de instituciones precarias, destinadas a entregar títulos con poco respaldo académico.

El Congreso ha demostrado que puede ser creativo… pero solo cuando se trata de perpetuar el populismo. La aprobación exprés de estas universidades no es una apuesta por el conocimiento, sino por la reelección. Los mismos congresistas que bloquean reformas serias y se oponen a modernizar el sistema educativo, hoy se disfrazan de benefactores para inaugurar proyectos inviables. Y lo hacen con la misma rapidez con la que el país se hunde en la inseguridad, la informalidad y la mediocridad institucional.

Reflexión final
El Perú no necesita más universidades en papel; necesita mejores universidades en la práctica. La educación superior no puede ser la víctima favorita del clientelismo político ni el trofeo de una clase parlamentaria obsesionada con el corto plazo. La creación de 22 universidades en menos de tres horas pasará a la historia como otro capítulo vergonzoso de este Congreso, que ha decidido hipotecar el futuro académico del país a cambio de titulares fáciles. La verdadera brecha no es de infraestructura, es de responsabilidad. Y esa, ni la más populista de las leyes podrá cerrar.

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