El Perú no solo quedó fuera del Mundial 2026, también quedó fuera de la decencia futbolística. El ranking FIFA lo confirma con una bofetada: puesto 48 del mundo, penúltimos de Sudamérica, en el sótano junto a Chile y a solo un respiro de Bolivia. Y no, no es mala suerte, ni un mal proceso, ni la culpa de los entrenadores que pasaron por el banquillo como turistas. Es el fracaso anunciado de un país que jamás tuvo un plan.
Doce puntos en dieciocho partidos. Menos catorce en la diferencia de goles. Cero goles de visitante. Tres técnicos en un mismo proceso. Y ahora, un descenso de seis posiciones en el ranking. Ese es el currículum de la “generación” que supuestamente iba a madurar para el 2030. La realidad es que no hay maduración posible: los jugadores no evolucionan, se estancan en la Liga 1, un torneo más parecido a un campeonato de barrio con auspiciador que a una liga profesional.
Mientras España, Francia y Argentina disputan la cima del fútbol mundial gracias a proyectos de décadas, Perú se conforma con cazar apellidos en el extranjero. Hoy celebramos la llegada de un ítalo-peruano, mañana de un australiano-peruano, pasado de un noruego-peruano. ¿La estrategia? Mandar genealogistas a Europa a revisar partidas de nacimiento. Esa no es política deportiva, es mendicidad con pasaporte.
Y para colmo, el mito de siempre: traer al “mejor entrenador del planeta”. Como si Guardiola o Klopp pudieran fabricar cracks en canchas peladas, sin divisiones menores y con clubes quebrados. Es como contratar al mejor cirujano del mundo y darle un hospital sin quirófanos, sin anestesia y sin electricidad. Al final, el paciente muere igual.
Lo verdaderamente insultante es el discurso oficial, que insiste en la mentira de que “estos jugadores madurarán”. ¿Madurar en qué? ¿En una liga que paga tarde, entrena mal y se juega en estadios vacíos? Mientras tanto, Colombia, Ecuador y hasta Venezuela exportan talentos a Europa, porque tienen proyectos serios. Nosotros seguimos creyendo que con rezos y milagros se gana.
El ranking FIFA no es un simple número. Es la radiografía de un país futbolísticamente arruinado, incapaz de competir siquiera en su propio continente. Y si no se construye de una vez el Primer Plan Integral de Desarrollo del Fútbol Peruano 2050, el descenso seguirá hasta enterrarnos más abajo de donde estamos.
Reflexión final
El fútbol peruano está pagando décadas de improvisación, consuelo barato y dirigentes incapaces. No hay materia prima, no hay estructura, no hay futuro. Y la verdad, aunque incomode, es brutal: sin planificación, Perú seguirá en el sótano, festejando amistosos mientras el resto del mundo juega mundiales. El ranking no miente, nos condena.
