Mundial 2030: 9.5 cupos para Sudamérica es un castigo al fútbol

La FIFA y la Conmebol se reunieron en Nueva York y salieron con la fórmula mágica: más equipos, más partidos, más votos… y menos fútbol. La promesa de un Mundial 2030 con 64 selecciones y un nuevo sistema de clasificación para Sudamérica no es un acto de inclusión ni de justicia deportiva; es un laboratorio de Infantino y Domínguez donde el único algoritmo que funciona es el de multiplicar billetes.

La propuesta de dar a Sudamérica 9.5 cupos es presentada como un triunfo histórico. La verdad es que es un premio inmerecido a federaciones que no trabajan, no planifican y se hunden en la mediocridad. Que Perú, Chile o Bolivia tengan la posibilidad casi garantizada de entrar a un Mundial no convierte a sus selecciones en competitivas, solo maquilla su fracaso. Ir al Mundial no asegura nivel: asegura marketing y titulares falsamente triunfalistas.

El concepto de una Liga de Naciones regional suena moderno, casi tecnológico, pero no deja de ser un parche. Un torneo para sumar puntos en rankings manipulables, que servirá para justificar el ingreso de equipos débiles con el disfraz de competitividad. No es una liga para mejorar, es una autopista hacia un Mundial inflado.

¿Se imaginan un Brasil 20-0 Samoa o un Argentina 15-0 Nueva Caledonia? Ese es el escenario que se cocina. Partidos sin historia, goleadas de museo y un calendario saturado. Más cantidad no es más calidad. Y que nadie hable de “democracia futbolística”: esto no es abrir la puerta al talento global, es llenar el estadio de comparsas para engordar las arcas de FIFA.

Mientras tanto, selecciones como Perú celebran la noticia como si fuera un logro deportivo. Como si una fórmula matemática y un algoritmo de clasificación pudieran reemplazar la ausencia de jugadores de élite, de infraestructura decente y de un plan integral. Es el mismo espejismo de siempre: confundir acceso con éxito.

El Mundial 2030 será más largo, más caro y más televisado. Pero también será más pobre en esencia. Convertir el torneo en una feria de 64 equipos es diluir lo que alguna vez fue el sueño más codiciado. En lugar de ver batallas memorables, veremos carnicerías futbolísticas donde los grandes pasarán por encima de los pequeños con goleadas que nadie querrá recordar.

Reflexión final
Infantino y Domínguez venden este cambio como progreso, pero en realidad es la rendición final del fútbol a la lógica del mercado. Sudamérica se conforma con 9.5 cupos porque sabe que su nivel se desploma, y en vez de levantar el piso competitivo, prefiere que le bajen la valla. El fútbol, el verdadero, el que se mide en talento, sacrificio y gloria, pierde. El negocio gana. Y cuando la pelota ruede en 2030, la pregunta no será quién levanta la copa, sino cuánto costó inflar un torneo hasta vaciarle el alma.

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